Los abusos de las aerolíneas cancelando boletos beneficio

Comprar boletos con millas conviene en algunos casos. Las tarifas de Aeroméxico, por ejemplo, son altísimas. No vale la pena sacar el boleto para una persona porque además de que se deben dar muchos puntos, también los impuestos y cobros que se inventan son altísimos. Ejemplo segmento Los Ángeles-México misma fecha: American Airlines 15 mil millas y 110 pesos mexicanos. Aeroméxico 30 mil puntos y 1,140 pesos. ¡Qué asalto! No tendrían ni por qué cobrar los de Aeroméxico porque de Estados Unidos a México no hay TUA y ningún tipo de impuesto.

La única forma en que les recomiendo acumular sus puntos en Aeroméxico es si tienen una tarjeta American Express con la aerolínea. Dependiendo de su nivel de gasto, les dan cupones 2×1 en el año y pueden ser para vuelos o Estados Unidos y Canadá (insisto, dependiendo cuánto gasten con la Amex).

Ya me desvié del tema. Lo que quería advertirles es que tengan mucho cuidado al reservar boletos beneficio. Esta semana volaba a Los Ángeles. Compré la ida con American Airlines y el regreso lo saqué con millas, también en AA. Como mi abuela está muy grave, cancelé el viaje de último momento. Me resigné a perder el segmento que había pagado y hablé a American para que me regresaran las millas a mi cuenta.

Me llevé una desagradable sorpresa cuando me dijeron que sí me podían regresar las millas pero que debía pagar 150 dólares de penalización. ¿Qué? Antes no era así. De verdad que de todo quieren hacer negocio. No sé si perder esas millas o pagar los malditos 150 dólares.

Después hablé a Aeroméxico porque mi esposa regresaba de Los Ángeles con ellos. También sacamos el boleto con puntos y otra vez lo mismo. Esos desgraciados queriendo cobrar 2,900 pesos por cancelar la reserva y regresarme mis puntos. Son 30 mil y no sé si pagar la dichosa cuota o perder lo que acumulamos con tanto esmero y gasto.

La moraleja es que lean muy bien las cláusulas de los boletos beneficio. Las aerolíneas cada vez son más abusivas. Desconozco si otras aplican estas condiciones, pero esto es reciente.

Lo peor es que el hotel también lo había pagado con puntos de One World y se perdieron porque no aceptan cancelaciones. De por sí, ya es nefasto que con lo que acumulas de un vuelo a Tokyo, otro a Madrid, uno a Buenos Aires y otro a Santiago, te alcance solamente para dos pinchurrientas noches de hotel.

Iba a decirles que lo barato sale caro, pero ni eso, porque acumular puntos, kilómetros, millas o lo que sea, es muy caro.

Mi lugar favorito en Tokyo

Mi amigo Sopitas en su biografía de Twitter escribió que es un tipo muy afortunado. Yo también lo soy. Cuando se escribe de viajes, comida y en general, de experiencias, es imposible no pecar de presumido, por más que se intente ser humilde. No importa. El chiste es poder compartir lo que vamos aprendiendo en el camino, por si algún día les es de utilidad.

Cuando leo y releo lo que escribo, las ansias de buscar el mejor texto posible me carcomen, pero al final lo dejo tal como me viene a la mente, para que cuando el amable lector le dedique su valioso tiempo, sienta que me está escuchando como soy, sin pretensiones. Por ejemplo, sé que en español se escribe Tokio, pero a mí me gusta con Y, Tokyo. ¿Y qué?

Hoy toca mi lugar favorito en Tokyo. Soy gordito, entonces es una obviedad que mi happy place sería algo de comida. Se llama Butayaro y al parecer, se escucha muy similar a una grosería en japonés porque cada vez que repetía la palabra enfrente de una amiga de allá, moría de risa y me trataba de explicar que es una mala palabra.

En Tokyo lo único que no hay es espacio. Este restaurante es miniatura y consta de una barra en L y enfrente tiene la cocina, que consiste en un asador, varias ollas y una máquina en la que tú eliges qué quieres y depositas el dinero como vending machine, te entrega un ticket y se lo das a las doñitas.

Butayaro es un lugar sin pretensiones. Está en un tercer piso y parece que el target son los liliputienses, porque apenas y cabemos los chaparritos. Solamente entran nueve comensales y a la hora del lunch, la fila puede llegar hasta la calle. El menú es muy sencillo: sopa miso, alguna otra curiosidad que no logré descifrar y un butadon espectacular. De tomar, agua sola o cerveza. No hay más.

La máquina en la que ordenas lo que vas a comer

El butadon es carne de puerco con una especie de salsa teriyaki sobre arroz gohan. No saben qué maravilla. Solamente de imaginarlo, ya me dio hambre. Los japoneses son expertos en cuidar los detalles. Rebanan a la perfección la carne para que quede homogénea y el grosor es un poco mayor que el de un carpaccio. De esta forma, la cocción es la ideal.

Lo mejor es que Butayaro cumple con las 3B: bueno, bonito y barato. Además, está en una zona por la que todos los turistas pasan, ya que se encuentra a escasos 500 metros de Akihabara, ¡donde venden todo lo relacionado con los freaks, digo, geeks!

¿Cuánto cuesta? Hay tres tamaños de butadon: de 500, 700 y 900 yenes. Mi esposa se empaca el de 700 y yo, dependiendo de mi hambre. Esta última vez, un día me comí 2 de 600 (bodrio, asqueroso del mal) y la otra uno de 900. Para que resbale, una Sapporo bien pinches fría.

 

El tip que debo compartirles es que vayan después de las 2 de la tarde porque antes, la fila es muy larga. Si son de los que tienen la necesidad de comer casi todo con limón (yo soy de esos), enfrente hay un minisúper Lawsons que vende jugo. Ni modo, es lo que hay, al menos que vayan cargando sus limones. También llevo mi Salsa Tabasco, pa que me critiquen a gusto. Ahhhh… no olviden su sweater porque al ser un lugar cerrado y con el asador, prenden el aire acondicionado en lo más fuerte. Y sí, se van a ahumar, pero ni modo. Lo vale

Esta es la fachada. El metro más cercano es Ochanomizu

Por estas cosas me encantaría vivir en Buenos Aires

La carne asada es una de las razones por las que muero de ganas por vivir en Buenos Aires. Allá le dicen asado y es todo un ritual. Puedes vivir en un departamento con un pequeño balcón, pero no dudes que tenga asador y si no, la mayoría de los edificios en Capital Federal tienen áreas comunes donde suele haber una parrilla.

En México si te quieres lucir con una carne top, debes venir cargando tu caja desde Sonora, Torreón o Monterrey. La Netflix padrinos. La carne de Rancho 17, La Laguna y San Juan es la mejor del país. Si no pueden traerla de alguno de esos lugares, les recomiendo mucho la de Costco y la de City Market. Un kilo de rib eye o New York bueno, aquí en México va de los 400 a los 800 pesos (de 20 a 40 dólares). A mí me gustan mucho las tablitas de la ya mencionada San Juan, también se les conoce como cabrería.

¡Ya nos desviamos mucho del tema porque la historia es en Argentina! Desde la semana, los amigos o la familia se ponen de acuerdo para verse el sábado y prender el asador. El hombre es el encargado de ir al súper. Hay muy buenas carnicerías, pero la verdad es que en el Coto o en el Jumbo, los supermercados tradicionales, encuentras gran calidad.

A pesar de que el país sudamericano vive en crisis económica, la carne es uno de los pocos productos que sigue siendo más barato allá que en México y no escatiman en calidad. En el Coto, un kilo de bife de chorizo cuesta 190 pesos mexicanos. Lo malo es que los limones te los atoran en 71 pesos el kilo.

Es sábado y nos toca ir por la carne con Nico (mi concuño). Vamos al Coto de Saavedra y está lleno. Al ver las cajas, te das cuenta que en la fila estarás más tiempo que cuando te subes a la Tower Of Terror en Disney.

Elegimos unos bifes de chorizo y un costillar. También pasamos por los benditos limones y unas cebollas. Aquí en Argentina no comen cebolla asada, pero la llevaré a casa de la prima de la esposa para que la prueben. A mi tío Javi no le gustó mucho que digamos. También me criticó por ponerle limón a la carne, pero déjenlo. No pasa nada. Cada vez que veo al entrenador de Rusia, me lo imagino a él diciéndome que echo a perder la comida.

Stanislav Chershésov, el técnico ruso. Cuando el tío Javi me regaña por ponerle limón a la comida, así lo imagino.

Salimos de ahí engentados. Mirá vos que las cajeras son más lentas que Higuaín cuando va solo contra la portería. El tiempo apremiaba y apuramos el paso para ir por los vinos. Otra de las maravillas argentinas. En México una botella de Angélica Zapata de Bodega Catena te cuesta 1,400 pesos. En Argentina 600. Para los que nos encanta entrarle al chupirul de calidad, es el paraíso.

Manejamos veinte minutos por la General Paz y llegamos “a lo de la prima”. Así hablan allá. Nos trataron diez puntos. Mariana y Javier fueron grandes anfitriones. Miren nomás lo que nos tenían preparado. ¡Fueron a matar tres vacas en la mañana! Además tienen un jardín muy bonito con una especie de cabaña, en la que nos sentamos a cenar. De lujo.

Vean qué delicia. A ver si no nos da gota

Fue una gran noche porque además los tres sobrinos de la esposa son muy amables y platicadores. Luego llegó otra de las primas de la esposa con toda su familia y se puso bueno el chisme. Yo, como siempre, no me quería ir de la fiesta, pero mi suegra y la cuñada ya necesitaban su cama. Cada vez que pienso en que queremos ir a vivir a Buenos Aires, recuerdo estos momentos y nada, se multiplican mis ganas.

Ahhhh el tip: cuando compren cortes finos, solamente hay que ponerle sal. Punto.

Te vamos a extrañar

Escribo esto para mí. Para que en algunos años que vuelva a leerlo, te recuerde como el lugar más feliz. Toys R Us hoy deja de existir en su casa. Cierran todas las tiendas en Estados Unidos, permanecen las de Canadá, China, España, Francia y otros países que apenas contaríamos con las manos.

Varias generaciones vivimos ilusionados por entrar a la mejor juguetería del mundo. Nos esperaban estantes llenos de Tortugas Ninja, Barbies, bicicletas y lo mejor: la sección de juegos de Nintendo, Sega y PlayStation. Era el paraíso de los niños.

Por razones geográficas, a mí me tocaba la sucursal de Newark, California. Estaba a 15 minutos de donde pasé todos los veranos de mi niñez. Mientras mi hermano y yo nos perdíamos en Toys R Us, papá iba al Service Merchandise de a lado, otra de las marcas que dejó de existir. La ida era como una excursión y reservábamos toda una mañana y nos perdíamos en los pasillos y nos encontrábamos a grito pelado ya con las manos llenas. Luego, regresábamos al parque a jugar con todo lo que habíamos comprado. El problema más común era adquirir un cassette de Game Boy y no encontrar una sombra para poder jugarlo porque el sol se reflejaba en la pantalla.

Para algunos podrá sonar exagerado, pero habemos otros a los que esta desaparición nos pesa. Toda la primavera ansiábamos la llegada de las vacaciones de verano, era el momento del lugar más feliz. Muchos recuerdos de Toys R Us, pero hay uno en específico que lo pienso como si hubiera sido ayer. En enero de 1996, en una mañana neoyorquina cubierta por el hielo, compramos en la tienda de Times Square la grabadora TalkBoy, la de Mi Pobre Angelito. Grabábamos los diálogos de Kevin McAllister hablando al Hotel Plaza: “Quiero un cuarto por favor. Con cama extra grande y uno de esos refrigeradores que se abren con llave. ¿Tarjeta de crédito? Claro”.

La globalización y la tecnología mataron a Toys R Us. Los niños están ahí, pero cada vez son más sofisticados. Probablemente eso es lo que más me pesa. Que ya nada es como antes. Los mozalbetes de ahora ya no saben lo que es abrir un juguete y no poderlo usar porque las pilas se venden por separado, desconocen qué son las Asqueropócimas, los Creepy Crawlers, los Trolls originales y tampoco los veo mortificados por ignorar en qué película se tomaba Jugo de Gomibaya. En estos tiempos todo es iPad, tablet, descargar, stremear.

Se acabó lo que se daba y como en todo lo que es efímero, solamente quedarán los recuerdos. Gracias Toys R Us por tantas alegrías.

 

Vamos al primer mundo

Durante años le rehuía a Asia hasta que tuve que venir a vivir a acá. Desde entonces, han pasado nueve años y muchos viajes que comparten conclusión: Tokyo (me gusta escribirlo con Y) es la mejor ciudad del mundo. En los próximos días, en este espacio podrán tener algunas pruebas de ello.

Nunca había tomado un vuelo a las 2 de la mañana. A lo mucho los red eye de California a la Costa Este o México, pero esos suelen despegar entre 10 de la noche y la primera hora del día. Parece muy extraño este horario pero tiene dos razones de ser: ya no hay slots en el Aeropuerto de la Ciudad de México y despegando a esa hora, el vuelo a Narita aterriza temprano al día siguiente para poder alcanzar las conexiones al resto de Asia. Suena lógico. Buen move de Aeroméxico.

Te rinde todo el día en tu casa y a las 11:30 pm sales para llegar a las 12 am al aeropuerto. Es ideal. Además, a esa hora ya no hay filas eternas para documentar. Ya saben que a nosotros nos gusta llevar nuestra carry-on, es pecado checar el equipaje, pero esta vez traemos encargos líquidos que tenemos que llevar hasta Seoul y no había de otra.

Documentamos y enfilamos hacia el Salón Premier. En el lounge todo perfecto. Me sorprendió que haya cuatro cervezas de barril distintas. El servicio muy bueno. Se ve que la competencia está fuerte y tienen que entrarle al toro por los cuernos. El vuelo de All Nippon despega 20 minutos después y es una de las mejores líneas del mundo.

Me tomé medio Clonazepam para poder dormir porque aterrizas y directo a caminar y al llegar a las 6 de la mañana, necesitas estar fresco como una lechuga, más fresco que Chicharito y Herrera después de salir de la fiesta de las escorts.

Dormí nueve horas pero aún faltaban cuatro y media para aterrizar. Por fin vi la película de The Post. Se las recomiendo si les gustan las Ciencias Sociales. Me recordó mucho a la de All The President’s Men.

Llegó la hora del desayuno y las opciones eran huevo (qué hueva) o carne de puerco con Gohan (no el de Dragon Ball). Elegí la segunda porque en la imagen se veía apetecible, pero tremenda decepción. Ahora sí que como en tu foto de perfil de Facebook y en la foto del INE.

 

Ya vengo eufórico. De verdad que Tokyo es un lugar increíble, seguro, sorprendente. Ya lo iremos compartiendo. Mientras tanto, vamos preparándonos para el aterrizaje. Flight attendants: please be saetead for arrival

El mejor ambiente del mundo está en La Bombonera

Perdone la muchachada si pierdo la objetividad (que de cualquier forma creo que no existe). De antemano ofrezco una disculpa porque el futbol es así, pasión pura. Y bueno, ¿qué le vamos hacer? Cada vez que estamos en Buenos Aires hago hasta lo imposible para ir a los partidos. Muchas veces me he llevado un gran chasco porque acostumbramos venir en Navidad y en esas fechas no hay liga. Ahora tuve suerte de que siga la Libertadores. Tocó ir a ver a Boca.

Boca Juniors es uno de esos equipos que lo amas o lo odias. Yo elegí la segunda, porque en algún momento le fui a Cruz Azul y estos mentecatos le metieron al club la derrota más dolorosa de su historia en una final libertadora. Sin embargo, es imposible negar que en su estadio se vive el mejor ambiente del mundo. Fuera de un mundial, es imposible encontrar algo similar. Ni en Dortmund, ni en Liverpool, ni en Belgrado. Obviamente tampoco en El Volcán o el Bancomer de Monterrey. La Bombonera de Boca es única. Las palabras no alcanzan para describir lo que los aficionados podemos sentir en ese lugar.

Vayamos por partes. Aterrizamos en Buenos Aires a las 3 de la mañana y la cuñada nos fue a buscar a Ezeiza. Va un tip de viaje: cuando vengan a Argentina y traigan dólares, chequen que los billetes que les dan en México no tengan ninguna marca con pluma o marcatextos. Anoche que cambié, no me aceptaron varios porque tenían marcas. Me ardí tanto que hasta le dije al cajero: “Che, boludo, preocupáte más por los bishetes argentinos que entregás, porque esos se ven más falsos que los dólares que te estoy dando”. Y sí.

Después de dormir unas horas, llegamos al departamento que será nuestro hogar por las próximas dos semanas. Un lugar muy bonito eh. La Pili se lució, Mi suegra diría que “diez puntos”. La amiga de toda la vida de la esposa nos prestó su casa. Todo muy bien acá. Tiene un gatito que se llama Issi, a quien tendremos que cuidar. Es un gran personaje el misifús. Es un poco tímido pero agarra confianza en un ratito y listo.

Por la tarde encaminé a la cancha pero antes tenía que recoger mi boleto en un hotel de la zona de Recoleta. Me fui en tren a Retiro y de ahí caminé unas cuadras. Mirá vos, que el barrio es pipirisnais. Es el equivalente a Polanco pero con una arquitectura francesa que la hace imponente. Te remonta a los buenos tiempos de la Argentina.

La estación de Retiro. Separa a Recoleta, el barrio de los millonarios, con la Villa 31, el barrio de los más pobres

Caminé hasta 9 de Julio, la calle más ancha del mundo. Mide 140 metros. Le tomé foto al Obelisco para que vean que sí vine a Buenos Aires y enfilé a la cancha de Boca. El estadio Alberto J. Armando está en una zona muy brava de la capital. Hay que andarse con cuidado porque la barriada no perdona y los malandrines están al acecho.

En los estadios argentinos no venden alcohol. Tomé mis precauciones y me eché una Quilmes cuando me bajé del camión. El futbol sin chela no es futbol. La Bombonera es imponente. Es un lugar viejo, descuidado y muy maltratado, pero mítico. Los amantes del deporte deben venir al menos una vez en su vida. El ambiente es inigualable. Por más que sientas repulsión hacia Boca, hay una parte que termina envolviéndote. La tribuna impone.

Las palabras no alcanzan para describir lo que se vive en ese caldero amarillo y azul. Les comparto unos videos para que se emocionen.

 

El marcador fue lo de menos. Boca Juniors necesitaba ganar y que Palmeiras no perdiera para calificar a octavos de la Libertadores. Como se esperaba, se dio la combinación. Fue una noche única. De esas que recordarás y recordarás hasta que vuelva a pasar.

Policías afuera del estadio viendo el partido de Boca

El AICM apesta pero no importa porque hay masajes gratis

Los aviones nunca dejarán de asombrarme. Me encantan. Por más veces que uno se suba, es imposible no sorprenderse con que algo tan diminuto, tan insignificante en el cielo, pueda recorrer el mundo tan rápido. Hoy tocó volar por Latam. Se ha convertido en la segunda línea que más utilizamos porque la familia de la esposa vive en Argentina y hay que darse la vuelta.

Siempre que toca avión, la noche anterior la paso mal. Volar me da miedo pero no es por eso que acaba siendo un calvario. Hay demasiados pendientes. Ahora que no estoy trabajando, pensé que serían menos pero no contaba con que Pancho se enfermaría del estómago. Vomitó siete veces durante la madrugada y entre la esposa y yo, le velamos el sueño. Esta es una de las razones por las que no podemos tener hijos. Somos incapaces de lidiar con la enfermedad de un perro, nos preocupamos demasiado, casi nos ahorcamos. Ahora imagínense con un chilpayate jodoncín. No, no, pasamos sin ver.

Llegamos al aeropuerto a las 6 de la mañana. El vuelo era a las 8 y el mostrador estaba vacío. Ni parecía que un Dreamliner estuviera a punto de abordar. Señal de que el vuelo no se había vendido y es temporada baja y que el Dios del asiento de a lado vacío se apiadaría de nosotros. Así fue.

El interior del Dreamliner versión 900 de Latam. Este avión tiene 1.5 años de antigüedad

Va #TipDeViaje: en el AICM hay varios salones para viajeros frecuentes, para los que tienen tarjetas influyentes. No me gusta decirles VIP, ese no es el término. El caso es que en algunos hay spa mientras esperas para ir a la puerta. En el de MasterCard y American Express hay, pero el problema es que es first come – first served. Entonces nunca hay lugar. Ley de Murphy, antes de ti siempre está la gordita que va a Villahermosa y se quiere hacer las uñas de gelish para la boda que tiene al día siguiente. Sin embargo, en el The Grand Elite Lounge de la sala 19 puedes reservar con varios días de anticipación para disfrutar de la experiencia. Hoy nos hicieron masaje de patukis y directito al avión. Me sentí como el Maharajá de Pokajú en Don Gato. Ahhh y lo mejor es que es gratis.

Abordamos y como lo tenía contemplado, el Dreamliner tenía muchos lugares sin ocupar. Había seleccionado en la fila 18 pero vi que la parte de atrás iba más vacía que Six Flags entre semana y mejor nos sentamos en la fila 34. La esposa llevaba tres asientos para ella solita y yo también.

El Dreamliner no es el avión más cómodo, pero es cumplidor. Bpeing solamente se enfoca en que sus aeronaves sean funcionales. La comodidad no es prioridad

No tomé Clonazepam para dormir. Confié en que tenía tanto sueño que dormiría al menos cinco horas. ¡Matanga dijo la changa! Always stick to the script. En vuelos de más de 6 horas, debo tomar la pastilla o se me hace eterno. Total que dormí tres horas y después vi Netflix. No les diré en qué serie voy porque ustedes son súper bitches spoilers y me la arruinarían.

Majestuosos y vigilantes los volcanes. ¿Ya vieron qué se ve al fondo? Espectacular

Me perdí el desayuno. A diferencia de las aerolíneas de élite, en Latam no te dejan un papelito que dice que cuando despiertes pidas tu comida. O sea, te friegas si te quedas jetón. El vuelo transcurrió sin novedad. Desde que se fusionaron LAN y TAM, la calidad ha bajado mucho en estos vuelos. Los sobrecargos se limitan a los dos servicios de alimentos en el vuelo de 8 horas y listo. Nada extra. Hasta las líneas gringas te sorprenden con un detallito de vez en cuando: helado Häagen-Dazs, un sandwichito a medio vuelo o botellas de agua incluso en coach. Nada de nada.

La comida parecía la vomitada de Pancho pero la verdad es que tenía buen sabor. Lástima que se queda uno con hambre porque ni “un pancito dan”

Llegó la comida y para esa hora, ya estaba hambriento. Cuando la aeromoza (me da risa esa palabra, suena como del siglo XX) me pasó mi charola, me quedé como: That´s all? Un platito redondo con carne y puré. Estaba bueno, pero ya no te dan pan o ensalada. Cero consideraciones con los gorditos que necesitamos muchos carbohidratos para ser felices.

Galley del 789 de Latam

Comenzamos el descenso. Como ya es costumbre, todo gris. Santiago es una de las ciudades más contaminadas del mundo y cuando aterrizas aquí, te percatas de ello. Hay una capa asquerosa que hasta puede confundirse con bruma. Aterrizamos y como tenemos vuelo en conexión, no pasamos Migración y Aduana. En cinco minutos ya estábamos de regreso en las salas. Aunque no se confíen. Hoy fue corta la fila de seguridad pero hay días que rebasa los 200 m de larga.

Estamos en uno de los salones de Priority. Chambón. Hasta los del AICM son mejores. Ahora a esperar el vuelo a Buenos Aires. Mientras tanto, vamo abriendo unas botellas de vino espumoso (ellos le llaman champagne. Sí, como no). Nos leemos en desde la Argentina o antes, si la nación os lo demanda. Ah vedá

 

¿Qué llevar en el kit de medicinas al viajar?

La noche previa a un viaje siempre andamos del tingo al tango con mil pendientes. Hacer la maleta es una de las peores cosas de un viaje. No conozco a alguien que diga “¡Wuhuu! ¡Qué emoción! Tengo que hacer mi maleta!”

En la petaca (me da risa esa palabra) tenemos que meter la ropa, chanclas, artículos de limpieza personal, encargos de medio mundo y nunca debe faltar un kit de medicinas. No me gusta llamarle de primeros auxilios, porque no lo es. Es simplemente lo que podemos tomar en caso de que nos dé dolor de panza, catarro, tos, etc.

Les comparto la imagen de mi kit y el estuche en el que lo meto. El chiste es que sea algo pequeño. Tampoco es necesario llevar toda la Farmacia San Pablo en la maleta.

Lo que nunca debe faltar para el catarro son el NyQuil y DayQuil, los de hasta arriba a la izquierda. Esta vez compré marca libre porque tenían descuento. Si no tienen acceso a un CVS, Target o Walgreens, pueden sustituirlo por Next, también es muy efectivo. Después tenemos una especie de Mertiolate para heridas menores, es el frasquito café. Aspirinas y Paracetamol para cualquier dolor de cabeza, así como Zantac para prevenir dolores estomacales y acidez. Típico que vas a Oaxaca y no puedes comer mole porque se te sale el pun. Entonces, una pastilla de esas antes de comer y listo. La pueden cambiar por Ranitidina, pero les soy sincero, el efecto del Zantac es mucho mejor. Ya que andamos con esto de los dolores de panza, nunca debe faltar un Imodium. Cuando viajas le entras a sabores y alimentos nuevos y nunca sabes cuándo acabarás con un chorrito de problemas. Tampoco debe faltar el típico Alka-Seltzer.

También es indispensable viajar con un par de gasas y unos curitas, así como agua oxigenada y alcohol. Necesario un antiséptico para limpiar heridas leves. Yo tengo que ir al súper, porque como ven en la foto, me falta eso. El Cortizone es una maravilla para quemaduras, picaduras y cosas por el estilo. El Benadryl son las pastillas rosas y es antihistamínico.

El Icy-Hot y el Dolac para los golpes. Y bueno, lo dejamos hasta aquí porque veo que también me faltan Histiacil para la tos, Flanax (porque con Flanax… ¡desinflanax el dolor) y Tempra. ¡Voy al súper! Si ven flaco mi botiquín de viaje, se reciben consejos porque nunca está de más y el chiste es que nos complementemos en este espacio.

Algo muy importante: si viajan a Asia, en específico a países musulmanes, tengan muchísimo cuidado con el kit de medicinas. Infórmense de qué pueden meter a esos lugares. Una medicina para el catarro en México puede estar prohibida en otro país y terminarían en la cárcel por varios años. ¡Truchas!

 

Elba Esther Gordillo tenía razón

Es entendible que Elba Esther Gordillo viviera en San Diego. Es el paraíso y a unos cuántos kilómetros de México.

Hasta hace dos años volar desde la Ciudad de México a San Diego era más rápido haciendo escala en algún aeropuerto de Texas. Ya no. El puente CBX, que une el Aeropuerto de Tijuana con Otay, ha simplificado el proceso y nos ahorra mucho tiempo. ¿Cuánto? Al menos hora y media.

Tomas tu avioncito a TJ y si no tiene retraso, aterrizas en tres horas y media. Te bajas y como dijo Javi Noble: ¡Pum! Cruzas el puente y en cinco minutos estás en California.

La entrada al puente CBX desde Estados Unidos

 

Conforme te acercas al centro de San Diego, el panorama va mejorando y si cruzas a la Isla de Coronado, el paisaje se convierte en tierra de millonarios. Mansiones por todas partes. Terrenos con valor de millones de dólares y un estilo de vida como el de Sausalito. Aquí vivía Elba Esther.

Del otro lado de la bahía, San Diego tiene montón de cosas por ofrecer: Sea World, el mundialmente famoso Zoológico, shopping, atardeceres espectaculares en La Jolla (sí con doble L) hasta un equipo de béisbol chambón que pocas veces da alegrías, pero no deja de ser de Grandes Ligas.

Nos alojamos en Mission Valley, el lugar ideal si quieren ir a los parques de diversiones, de compras y viajan en familia. Si rentan coche, pueden estacionarse sin problema en la calle porque hay espacio. Contrario a Downtown, donde te atoran entre 30 y 50 dólares por noche de estacionamiento hasta en los hoteles 3 estrellas, ni siquiera en uno súper fifí, como diría El Peje.

Fuimos a La Jolla Cove, un risco con piedras que dan al mar y en el que descansan las focas y leones marinos. La esposa ya me quería dejar ahí. Digo, por el tonelaje, capaz que me confundían con una foquita.

Riscos espectaculares en la Jolla, California

La vida por estos rumbos está muy cara para los que venimos de vacaciones porque el dólar otra vez se vende en 20 pesos y vas a cenar a lugares como Outback, Red Lobster o Friday’s y en una sentada dos personas se echan cien dólares. Además, en Estados Unidos cada vez te clavan peor el diente y la propina mínima que esperan los meseros es de 15 por ciento. ¡Ya quieren 20 por ciento por default! ¡Si no es kermesse!

Por el cambio de horario, nos fuimos a dormir temprano. Total que el sábado solamente fuimos a In-N-Out por hamburguesas (les digo que somos gorditos), a ver a mis amigas las focas, a Target y a cenar. Obviamente en la noche fuimos a Jamba Juice, uno de mis lugares favoritos. Me gusta el Mango A-Go-Go.

El domingo desayunamos en Dennys, otro de los clásicos cuando estamos en The United States of America. Pedí tanto de comer, que la mesera me llevó tres platos y hasta me dijo: Usted éntrele, al fin que es domingo”.

Saliendo de desayunar, anduve en bici con la esposa para bajar todo lo que me había empacado. Recorrimos el centro de San Diego por toda la bahía. Es un placer porque empiezas en el estadio de béisbol, pasas por la estación de tren, el muelle donde anclan los cruceros y terminas en el aeropuerto. El día estuvo espectacular.

En la tarde, la esposa me dejó en Petco Park y fui al juego de los Padres. Deberían de darme un premio porque contando los tres juegos en Monterrey de MLB, vi cuatro veces en una semana a semejante equipo chambón.

Una chela en el estadio cuesta 11.75 dólares. Te matan la borrachera antes de empezar. Peor aún, si pides que te lleven tu comida a tu lugar, tienes que pagar extra. Para que se den una idea, por este bbq sándwich y la cerveza, pagué 33 dólares. ¡Pos oye! Te llevan hasta tu babero para que no te ensucies pero con lo que cuesta, hasta podría comprar un galón de detergente +Color pa las manchas. Imagínense pa cuántos kilos de Bold 3 alcanzaría. Es más, casi casi que si la camisa se mancha, con ese dinero podría comprarme una nueva.

Comiendo muy cuquis en el estadio. Saben que soy puerquito y me llevan hasta babero

 

Te llevan la comida hasta tu lugar al más puro estilo de Uber Eats

La esposa siempre me insiste en que me ponga bloqueador pero eso de ser obediente no se me da. Apenas era la tercera entrada y el sol caía a plomo. Ya me sentía como pollo a medio rostizar Hacía mucho calor, el sol estaba más fuerte que cuando despierta Luis Miguel.

A medio partido me llegó un email de Volaris. El vuelo de regreso tenía cuatro horas de retraso. Salí del juego y me encontré con la esposa. Fuimos a ver al América, un ridiculazo más. ¿Les extraña?

 

Nuestro avión supuestamente llegaba a las 11:30 de la noche a México pero terminamos aterrizando casi a las 3 de la mañana del día siguiente. Ahora, a la casa y poner una lavadora porque mañana volamos a Buenos Aires. La la laaaa

Lo que hay que saber:

  • El puente CBX cuesta 30 dólares por persona ida y vuelta. Solo se puede utilizar si se llega por avión a Tijuana. Obviamente hay que llevar pasaporte y visa gringa para cruzarlo.
  • Si rentan coche en San Diego, hospédense en Mission Valley para evitar el pago de estacionamiento. Dejan el auto en la calle, hay espacio. Hay hoteles para todos los presupuestos, incluyendo Hilton, Sheraton, La Quinta Inn, etc.
  • Los atardeceres en la costa son espectaculares. En La Jolla hay algunos restaurantes, pero en el centro en la bahía también encuentran buenas opciones entre el Hyatt y Market St.
  • Si van al béisbol, compren los boletos en StubHub. Suelen ser más baratos que en Ticketmaster.
  • Si rentan coche fíjense desde México qué seguros cubre su tarjeta de crédito porque son muy gandallas y te quieren cobrar hasta el seguro de gastos médicos de un diabético. Sí, ya existen.
  • No viajen por Volaris. Hemos venido dos veces por esa línea y en ambos casos, pésimas experiencias. Para que se den una idea, fueron 6 horas de vuelo y 6 más de retraso.
Volaris cada vez peor. Retrasan sus vuelos y engañan a los pasajeros. Con horas o días de anticipación ya saben que no cumplirán con sus horarios
  • In-N-Out es uno de los mejores lugares para comer hamburguesas en el mundo. Que no los espante la fila del drive-thru. Mejor entren al restaurante.
  • La mayoría de la gente va a los Outlets de San Ysidro. Si el tiempo no es impedimento, recomiendo los de Carlsbad. Son de la cadena de Premium y hay menos gente.
Petco Park, el estadio de los Padres
La esposa en bici con el centro de San Diego al fondo. ¡Padrísimo!

El día que mamá me abandonó

Si tienes más de 30 años, recordarás la vida sin internet. Es una contradicción decir que todo era más simple (porque no lo era), pero es una realidad que éramos menos dependientes de la tecnología.

Corría el año 2000 y yo era un enfermo del futbol, un adicto sin remedio que se la vivía de estadio en estadio. Todo el dinero que me caía lo usaba para comprar revistas y libros. Una de mis favoritas era Don Balón. La traían de España y en ese entonces costaba 30 pesos en Sanborns. En una de sus ediciones se anunciaba el flamante campamento del Barcelona. Sí, el equipo en el que jugaban Figo, Zubizarreta y Rivaldo.

Para no hacerles el caldo gordo, con mucho esfuerzo mamá y papá pudieron pagar el mentado campamento y volamos a Madrid con Cachuchas (mi hermano) y mis amigos Othón y Esteban. Era la primera vez en mi vida que me quedaría sin familia. El reto era grande pero iba feliz por jugar futbol con niños de todo el mundo y de gran nivel (alguno que otro llegó a primera división con el Barça).

De Madrid volamos a Barcelona y de ahí en autocar a Andorra. Las canchas eran espectaculares y nos trataban como si fuéramos del primer equipo. Era una concentración profesional y Pep Guardiola, el mismísimo Pep Guardiola era nuestro técnico.

Mamá y Cachuchas tenían que regresar a México y allí fue cuando todo se vino abajo. Un empleado de Nike los llevaría de a Barcelona para que emprendieran el viaje. Fue una madrugada de mucho dolor para mamá, el hermano y para mí. Me dio el Mal del Jamaicón y quería regresarme con ellos. Fue un show en el hotel. Cachuchas sufría pero la que la estaba pasando muy mal era mamá. Por primera vez dejaba a su Albertano solo al otro lado del mar.

Terminé quedándome en Andorra y la familia regresó a México. Mis amigos trataban de consolarme porque realmente extrañaba mi casa. De día todo fluía pero en las noches me hacía falta mi cama. En los entrenamientos los tres mexicanos éramos la sensación porque nos conocíamos de toda la vida y jugábamos con los ojos cerrados. Nos entendíamos tan bien en los partidos, que los entrenadores decidieron separarnos porque no teníamos rival. El éxito fue tal, que la directiva del Barcelona nos ofreció quedarnos a vivir todo un año en La Masía (donde se desarrollan las inferiores del club). Los tres nos negamos. Éramos muy niños para percatarnos de la oportunidad que se nos presentaba. Teníamos 13 años y el mundo no estaba tan globalizado como en la actualidad.

Todas las noches hablaba a México. Diario me gastaba 2 mil pesetas en un rascuacho teléfono que había en el lobby del hotel y para que mamá estuviera tranquila, Pep Guardiola y su hermano Pere hablaban con ella. Todavía hasta hoy, mamá me recuerda la frase que le decía el ahora entrenador del Manchester City: “Es que de día es un majo, pero de noche se transforma”.

Pasó el tiempo. Ese día que mamá me soltó la mano y largó llorando, sirvió para crecer como persona. Jamás imaginamos que algunos años después me iría de la casa para vivir solo en China. Fueron momentos duros, pero de mucho aprendizaje. Si me hubiera regresado, es muy probable que después fracasara en mi intento por vivir en otro país. Desde entonces, he andado de pata de perro por todo el mundo. Así que le doy gracias a mamá por haberme abandonado en Andorra.

Con Josep Guardiola cuando jugué en el Barcelona