Mi primera vez como Aviation Geek

Ayer dos amigos me invitaron a tomar fotos de aviones. Aunque suene raro, es una experiencia padrísima. Cerca del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, existe un lugar en el que amantes de la aviación se juntan para hablar de lo que más les gusta y sacar imágenes de gran calidad. Las fotos son tan buenas, que algunas hasta se pueden vender.

Aunque me gusta mucho la aviación civil e invierto mi tiempo en foros y diversas páginas de internet, no soy experto. Llegué con mi camarita de turista, una Coolpix B500 que mi esposa me regaló de cumpleaños y ha salido muy buena. Los que le saben llevan sus lentes de miles de dólares.

Estuvimos cuatro horas y la pasé muy a gusto con mis amigos twitteros @rome_alex y @azapatamx. Es una maravilla ver cómo esos monstruos (los aviones y no mis cuates) se elevan con cientos de personas abordo. La cafetería se encuentra en Poniente 13, atrás del Centro de Mantenimiento de Mexicana. En Google Maps y Waze aparece como “La Casa de la Aviación”. Es un lugar sencillo donde puedes comer algunos antojitos. El único down es que no venden cerveza y el calor está pegador por las tardes porque es una terraza. Cobran 20 pesos la entrada, 20 pesos el estacionamiento y lo que consumas.

Les comparto algunas de las fotos que tomé

Un retro de American Airlines
El Dreamliner de ANA, aterrizando de Tokyo. Esta aerolínea está entre las 10 mejores del mundo
Un 737 de Southwest
Un 747 de carga de cargolux, proveniente de Luxemburgo
Este ni presentación necesita. Impresionante el tamaño del A380
Un B777 de Alitalia, proveniente de Roma. Todavía con la imagen vieja
Este es un 737-800 de Alaska Airlines que está pintado de esta forma para promover uno de los productos más importantes de Alaska

 

El A340 de Iberia aterrizando de Madrid
También le tomé fotos a Aerobús para que luego no digan que nomás a los grandes bonitos
Llegó la reina de Amsterdam, el jumbo de KLM
Un Airbus de Volaris
Un 767-200 de Aerounión con destino a Guadalajara
Esta foto me encantó
El 747-800 de Lufthansa con el Palacio de los Deportes de fondo
Otra foto del cargolux, segundo después de haber despegado
KLM y Lufthansa son las únicas líneas comerciales que traen el B747 a México

Viajando en Business Class de Emirates

Durante años quise subirme a un avión de Emirates en primera clase. Es un lujo que solamente los millonarios se pueden dar porque los boletos cuestan miles de dólares. Sin embargo, existen algunas opciones (contadas con la mano) para poder lograr este sueño.

La aerolínea de Emiratos Árabes tiene varios vuelos de 5th freedom, entre ellos Bangkok-Sydney y Bangkok-Hong Kong. Aprovechando que viajaríamos de Tailandia a HKG, decidí comprar boletos de Business Class. ¿Qué es esto de la quinta libertad? Permite a las aerolíneas transportar pasajeros (revenue) entre países que no son base de la aerolínea que opera el vuelo. Es el derecho de llevar pasajeros de un país a otro y de ahí, a un tercer país. Por ejemplo: Londres-Sydney vía Singapore operado por British Airways. En el trayecto Londres-Singapore no se aplica el 5th freedom porque el avión despega desde el territorio base de la línea, en este caso Reino Unido. Sin embargo, en el segmento Singapore-Sydney sí aplica la quinta libertad porque ninguno de los dos países (Singapore y Australia) son base de British Airways. El 5th freedom right lo otorgan los gobiernos. El gobierno de México generalmente se opone en ese afán de cuidar los intereses de las aerolíneas en lugar de preocuparse por los pasajeros y tarifas más competitivas.

A diferencia de otros vuelos, en los que me gusta llegar con apenas una hora de anticipación al aeropuerto (obviamente sin documentar), en esta ocasión llegamos cuatro horas antes para poder disfrutar de toda la experiencia.

Algunos de los vuelos desde Bangkok Suvarnabhumi

Nuestro vuelo despegaba a las 13:45 h del Aeropuerto de Bangkok. Suvarnabhumi se encuentra a 33 km al este del Hotel Conrad, donde nos hospedamos. El trayecto fue de una hora y nos fue bien, para los estándares del tráfico en la capital de Tailandia.

Aunque no documentamos, pasamos por el mostrador porque no hice el web check-in. Fue expedito. A lo mucho tardamos cinco minutos y nos enfilamos hacia migración y seguridad. Como teníamos boletos de Business, nos formamos en la zona vip y todo tranquilo. Hasta ahí, el viaje marchaba fenómeno.

El mostrador de Business Class de Emirates en el Aeropuerto de Bangkok

Teníamos opción de elegir a qué salón íbamos porque con la tarjeta Priority Pass podíamos acceder a los de Air France, Oman Air y a los de Miracle. Sin embargo, elegimos el de Emirates porque en definitiva, es el de mejor servicio.

Vean qué lujo. Más que un salón vip de aeropuerto, parecía el buffet de un hotel de Las Vegas. Y ni qué decir de la barra de bebidas. Yo decidí abrir el bar temprano y para las 12 del día, ya llevaba una botella de Moet encima. Camarones, salmón, postres, barra caliente con ocho platos, caviar. Había de todo. Además hay regaderas y un titipuchal de detalles que hacen de Emirates, la línea más lujosa del mundo.

El vuelo se retrasó media hora. Así que seguí entrándole a la comida y a las bebidas espirituosas. Abordamos y en cuanto nos sentamos, nos ofrecieron más champagne, ¿y quién soy para decir que no?

Gracias, señorita sobrecargo. Por favor sírvale también a mi esposa, aunque no le guste. Yo me lo tomo

 

En cuanto despegamos, me di una vuelta por el avión. En el baño colocan amenities de Bvlgari y el típico cepillo de dientes.

 

La esposa iba muy contentota en el avión y eso que ni toma alcohol.

El servicio es fenomenal. Hay un ejército de sobrecargos que cuidan cada detalle para que los pasajeros sientan que desquitaron su dinero. ¡Pos oye!

Antes de despegar nos ofrecieron el menú y el purser (el mero mero de los flight attendants) se acercó a platicar un rato. Nos dijo que la mayoría de sus compañeros son australianos, españoles, ingleses y hasta mexicanos. Una vez en el aire, te toman una foto de recuerdo que imprimen ahí mismo. En cuanto llegamos a la casa, Chopi se encargó de romperla. Ese perrito debió llamarse Chucky, como el muñeco diabólico.

El menú del vuelo Bangkok-Hong Kong

 

Corina disfrutando de su comida. Sírvame, sírvame, que se lo toma mi esposo

El servicio de Business de Emirates es espectacular. El detalle que más sorprende a los pasajeros es el bar que se encuentra en la parte posterior del segundo piso del Airbus A380. Como en los viejos tiempos, una aeromoza se encarga de servir los drinks y los pasajeros disponen de una barra para interactuar. También se puede tener una pequeña junta o echar el chisme cachetón a gusto como si estuvieran en un restaurante.

Como todo lo bueno termina, comenzamos el descenso final a HKG, que se encuentra a 30 km de la ciudad. En algún momento, esta terminal fue la más grande del mundo. Aquí es base de Cathay Pacific y antes, el aeropuerto estaba en plena ciudad pero los aterrizajes y despegues eran literalmente entre los edificios y eso lo hacía muy peligroso.

La aproximación final al Aeropuerto de Hong Kong, que está en la isla de Chek Lap Kok. Del lado izquierdo hasta se aprecian los barcos. Este aeropuerto es el de mayor tráfico de carga en el mundo y está entre los 10 con más pasajeros en el mundo.

Además de la enorme pantalla de la que dispone cada pasajero, también hay una tablet con la que controlas los botones del asiento, que obviamente se reclina 180 grados hasta convertirse en cama. Incluyo una foto del asiento, que dispone de un servibar.

¿Vale la pena volar en en Business Class o Primera de Emirates? Costo-beneficio depende. Si tomas alcohol puede ser que lo desquites en vuelos cortos por los que no se paguen miles y miles de dólares. Tan solo una botella de Moet en un súper en Asia cuesta 60 dólares. Si a eso le agregas todas las amenidades y bla bla bla, lo desquitas. Si se van a subir y dormirán todo el vuelo, mejor compren lugar en Coach (y no la tienda de bolsas jijiji).  Es un lujo que todos los amantes de los aviones deben darse por lo menos una vez en la vida.

Por estas cosas me encantaría vivir en Buenos Aires

La carne asada es una de las razones por las que muero de ganas por vivir en Buenos Aires. Allá le dicen asado y es todo un ritual. Puedes vivir en un departamento con un pequeño balcón, pero no dudes que tenga asador y si no, la mayoría de los edificios en Capital Federal tienen áreas comunes donde suele haber una parrilla.

En México si te quieres lucir con una carne top, debes venir cargando tu caja desde Sonora, Torreón o Monterrey. La Netflix padrinos. La carne de Rancho 17, La Laguna y San Juan es la mejor del país. Si no pueden traerla de alguno de esos lugares, les recomiendo mucho la de Costco y la de City Market. Un kilo de rib eye o New York bueno, aquí en México va de los 400 a los 800 pesos (de 20 a 40 dólares). A mí me gustan mucho las tablitas de la ya mencionada San Juan, también se les conoce como cabrería.

¡Ya nos desviamos mucho del tema porque la historia es en Argentina! Desde la semana, los amigos o la familia se ponen de acuerdo para verse el sábado y prender el asador. El hombre es el encargado de ir al súper. Hay muy buenas carnicerías, pero la verdad es que en el Coto o en el Jumbo, los supermercados tradicionales, encuentras gran calidad.

A pesar de que el país sudamericano vive en crisis económica, la carne es uno de los pocos productos que sigue siendo más barato allá que en México y no escatiman en calidad. En el Coto, un kilo de bife de chorizo cuesta 190 pesos mexicanos. Lo malo es que los limones te los atoran en 71 pesos el kilo.

Es sábado y nos toca ir por la carne con Nico (mi concuño). Vamos al Coto de Saavedra y está lleno. Al ver las cajas, te das cuenta que en la fila estarás más tiempo que cuando te subes a la Tower Of Terror en Disney.

Elegimos unos bifes de chorizo y un costillar. También pasamos por los benditos limones y unas cebollas. Aquí en Argentina no comen cebolla asada, pero la llevaré a casa de la prima de la esposa para que la prueben. A mi tío Javi no le gustó mucho que digamos. También me criticó por ponerle limón a la carne, pero déjenlo. No pasa nada. Cada vez que veo al entrenador de Rusia, me lo imagino a él diciéndome que echo a perder la comida.

Stanislav Chershésov, el técnico ruso. Cuando el tío Javi me regaña por ponerle limón a la comida, así lo imagino.

Salimos de ahí engentados. Mirá vos que las cajeras son más lentas que Higuaín cuando va solo contra la portería. El tiempo apremiaba y apuramos el paso para ir por los vinos. Otra de las maravillas argentinas. En México una botella de Angélica Zapata de Bodega Catena te cuesta 1,400 pesos. En Argentina 600. Para los que nos encanta entrarle al chupirul de calidad, es el paraíso.

Manejamos veinte minutos por la General Paz y llegamos “a lo de la prima”. Así hablan allá. Nos trataron diez puntos. Mariana y Javier fueron grandes anfitriones. Miren nomás lo que nos tenían preparado. ¡Fueron a matar tres vacas en la mañana! Además tienen un jardín muy bonito con una especie de cabaña, en la que nos sentamos a cenar. De lujo.

Vean qué delicia. A ver si no nos da gota

Fue una gran noche porque además los tres sobrinos de la esposa son muy amables y platicadores. Luego llegó otra de las primas de la esposa con toda su familia y se puso bueno el chisme. Yo, como siempre, no me quería ir de la fiesta, pero mi suegra y la cuñada ya necesitaban su cama. Cada vez que pienso en que queremos ir a vivir a Buenos Aires, recuerdo estos momentos y nada, se multiplican mis ganas.

Ahhhh el tip: cuando compren cortes finos, solamente hay que ponerle sal. Punto.

Te vamos a extrañar

Escribo esto para mí. Para que en algunos años que vuelva a leerlo, te recuerde como el lugar más feliz. Toys R Us hoy deja de existir en su casa. Cierran todas las tiendas en Estados Unidos, permanecen las de Canadá, China, España, Francia y otros países que apenas contaríamos con las manos.

Varias generaciones vivimos ilusionados por entrar a la mejor juguetería del mundo. Nos esperaban estantes llenos de Tortugas Ninja, Barbies, bicicletas y lo mejor: la sección de juegos de Nintendo, Sega y PlayStation. Era el paraíso de los niños.

Por razones geográficas, a mí me tocaba la sucursal de Newark, California. Estaba a 15 minutos de donde pasé todos los veranos de mi niñez. Mientras mi hermano y yo nos perdíamos en Toys R Us, papá iba al Service Merchandise de a lado, otra de las marcas que dejó de existir. La ida era como una excursión y reservábamos toda una mañana y nos perdíamos en los pasillos y nos encontrábamos a grito pelado ya con las manos llenas. Luego, regresábamos al parque a jugar con todo lo que habíamos comprado. El problema más común era adquirir un cassette de Game Boy y no encontrar una sombra para poder jugarlo porque el sol se reflejaba en la pantalla.

Para algunos podrá sonar exagerado, pero habemos otros a los que esta desaparición nos pesa. Toda la primavera ansiábamos la llegada de las vacaciones de verano, era el momento del lugar más feliz. Muchos recuerdos de Toys R Us, pero hay uno en específico que lo pienso como si hubiera sido ayer. En enero de 1996, en una mañana neoyorquina cubierta por el hielo, compramos en la tienda de Times Square la grabadora TalkBoy, la de Mi Pobre Angelito. Grabábamos los diálogos de Kevin McAllister hablando al Hotel Plaza: “Quiero un cuarto por favor. Con cama extra grande y uno de esos refrigeradores que se abren con llave. ¿Tarjeta de crédito? Claro”.

La globalización y la tecnología mataron a Toys R Us. Los niños están ahí, pero cada vez son más sofisticados. Probablemente eso es lo que más me pesa. Que ya nada es como antes. Los mozalbetes de ahora ya no saben lo que es abrir un juguete y no poderlo usar porque las pilas se venden por separado, desconocen qué son las Asqueropócimas, los Creepy Crawlers, los Trolls originales y tampoco los veo mortificados por ignorar en qué película se tomaba Jugo de Gomibaya. En estos tiempos todo es iPad, tablet, descargar, stremear.

Se acabó lo que se daba y como en todo lo que es efímero, solamente quedarán los recuerdos. Gracias Toys R Us por tantas alegrías.

 

Vamos al primer mundo

Durante años le rehuía a Asia hasta que tuve que venir a vivir a acá. Desde entonces, han pasado nueve años y muchos viajes que comparten conclusión: Tokyo (me gusta escribirlo con Y) es la mejor ciudad del mundo. En los próximos días, en este espacio podrán tener algunas pruebas de ello.

Nunca había tomado un vuelo a las 2 de la mañana. A lo mucho los red eye de California a la Costa Este o México, pero esos suelen despegar entre 10 de la noche y la primera hora del día. Parece muy extraño este horario pero tiene dos razones de ser: ya no hay slots en el Aeropuerto de la Ciudad de México y despegando a esa hora, el vuelo a Narita aterriza temprano al día siguiente para poder alcanzar las conexiones al resto de Asia. Suena lógico. Buen move de Aeroméxico.

Te rinde todo el día en tu casa y a las 11:30 pm sales para llegar a las 12 am al aeropuerto. Es ideal. Además, a esa hora ya no hay filas eternas para documentar. Ya saben que a nosotros nos gusta llevar nuestra carry-on, es pecado checar el equipaje, pero esta vez traemos encargos líquidos que tenemos que llevar hasta Seoul y no había de otra.

Documentamos y enfilamos hacia el Salón Premier. En el lounge todo perfecto. Me sorprendió que haya cuatro cervezas de barril distintas. El servicio muy bueno. Se ve que la competencia está fuerte y tienen que entrarle al toro por los cuernos. El vuelo de All Nippon despega 20 minutos después y es una de las mejores líneas del mundo.

Me tomé medio Clonazepam para poder dormir porque aterrizas y directo a caminar y al llegar a las 6 de la mañana, necesitas estar fresco como una lechuga, más fresco que Chicharito y Herrera después de salir de la fiesta de las escorts.

Dormí nueve horas pero aún faltaban cuatro y media para aterrizar. Por fin vi la película de The Post. Se las recomiendo si les gustan las Ciencias Sociales. Me recordó mucho a la de All The President’s Men.

Llegó la hora del desayuno y las opciones eran huevo (qué hueva) o carne de puerco con Gohan (no el de Dragon Ball). Elegí la segunda porque en la imagen se veía apetecible, pero tremenda decepción. Ahora sí que como en tu foto de perfil de Facebook y en la foto del INE.

 

Ya vengo eufórico. De verdad que Tokyo es un lugar increíble, seguro, sorprendente. Ya lo iremos compartiendo. Mientras tanto, vamos preparándonos para el aterrizaje. Flight attendants: please be saetead for arrival

El mejor ambiente del mundo está en La Bombonera

Perdone la muchachada si pierdo la objetividad (que de cualquier forma creo que no existe). De antemano ofrezco una disculpa porque el futbol es así, pasión pura. Y bueno, ¿qué le vamos hacer? Cada vez que estamos en Buenos Aires hago hasta lo imposible para ir a los partidos. Muchas veces me he llevado un gran chasco porque acostumbramos venir en Navidad y en esas fechas no hay liga. Ahora tuve suerte de que siga la Libertadores. Tocó ir a ver a Boca.

Boca Juniors es uno de esos equipos que lo amas o lo odias. Yo elegí la segunda, porque en algún momento le fui a Cruz Azul y estos mentecatos le metieron al club la derrota más dolorosa de su historia en una final libertadora. Sin embargo, es imposible negar que en su estadio se vive el mejor ambiente del mundo. Fuera de un mundial, es imposible encontrar algo similar. Ni en Dortmund, ni en Liverpool, ni en Belgrado. Obviamente tampoco en El Volcán o el Bancomer de Monterrey. La Bombonera de Boca es única. Las palabras no alcanzan para describir lo que los aficionados podemos sentir en ese lugar.

Vayamos por partes. Aterrizamos en Buenos Aires a las 3 de la mañana y la cuñada nos fue a buscar a Ezeiza. Va un tip de viaje: cuando vengan a Argentina y traigan dólares, chequen que los billetes que les dan en México no tengan ninguna marca con pluma o marcatextos. Anoche que cambié, no me aceptaron varios porque tenían marcas. Me ardí tanto que hasta le dije al cajero: “Che, boludo, preocupáte más por los bishetes argentinos que entregás, porque esos se ven más falsos que los dólares que te estoy dando”. Y sí.

Después de dormir unas horas, llegamos al departamento que será nuestro hogar por las próximas dos semanas. Un lugar muy bonito eh. La Pili se lució, Mi suegra diría que “diez puntos”. La amiga de toda la vida de la esposa nos prestó su casa. Todo muy bien acá. Tiene un gatito que se llama Issi, a quien tendremos que cuidar. Es un gran personaje el misifús. Es un poco tímido pero agarra confianza en un ratito y listo.

Por la tarde encaminé a la cancha pero antes tenía que recoger mi boleto en un hotel de la zona de Recoleta. Me fui en tren a Retiro y de ahí caminé unas cuadras. Mirá vos, que el barrio es pipirisnais. Es el equivalente a Polanco pero con una arquitectura francesa que la hace imponente. Te remonta a los buenos tiempos de la Argentina.

La estación de Retiro. Separa a Recoleta, el barrio de los millonarios, con la Villa 31, el barrio de los más pobres

Caminé hasta 9 de Julio, la calle más ancha del mundo. Mide 140 metros. Le tomé foto al Obelisco para que vean que sí vine a Buenos Aires y enfilé a la cancha de Boca. El estadio Alberto J. Armando está en una zona muy brava de la capital. Hay que andarse con cuidado porque la barriada no perdona y los malandrines están al acecho.

En los estadios argentinos no venden alcohol. Tomé mis precauciones y me eché una Quilmes cuando me bajé del camión. El futbol sin chela no es futbol. La Bombonera es imponente. Es un lugar viejo, descuidado y muy maltratado, pero mítico. Los amantes del deporte deben venir al menos una vez en su vida. El ambiente es inigualable. Por más que sientas repulsión hacia Boca, hay una parte que termina envolviéndote. La tribuna impone.

Las palabras no alcanzan para describir lo que se vive en ese caldero amarillo y azul. Les comparto unos videos para que se emocionen.

 

El marcador fue lo de menos. Boca Juniors necesitaba ganar y que Palmeiras no perdiera para calificar a octavos de la Libertadores. Como se esperaba, se dio la combinación. Fue una noche única. De esas que recordarás y recordarás hasta que vuelva a pasar.

Policías afuera del estadio viendo el partido de Boca

El AICM apesta pero no importa porque hay masajes gratis

Los aviones nunca dejarán de asombrarme. Me encantan. Por más veces que uno se suba, es imposible no sorprenderse con que algo tan diminuto, tan insignificante en el cielo, pueda recorrer el mundo tan rápido. Hoy tocó volar por Latam. Se ha convertido en la segunda línea que más utilizamos porque la familia de la esposa vive en Argentina y hay que darse la vuelta.

Siempre que toca avión, la noche anterior la paso mal. Volar me da miedo pero no es por eso que acaba siendo un calvario. Hay demasiados pendientes. Ahora que no estoy trabajando, pensé que serían menos pero no contaba con que Pancho se enfermaría del estómago. Vomitó siete veces durante la madrugada y entre la esposa y yo, le velamos el sueño. Esta es una de las razones por las que no podemos tener hijos. Somos incapaces de lidiar con la enfermedad de un perro, nos preocupamos demasiado, casi nos ahorcamos. Ahora imagínense con un chilpayate jodoncín. No, no, pasamos sin ver.

Llegamos al aeropuerto a las 6 de la mañana. El vuelo era a las 8 y el mostrador estaba vacío. Ni parecía que un Dreamliner estuviera a punto de abordar. Señal de que el vuelo no se había vendido y es temporada baja y que el Dios del asiento de a lado vacío se apiadaría de nosotros. Así fue.

El interior del Dreamliner versión 900 de Latam. Este avión tiene 1.5 años de antigüedad

Va #TipDeViaje: en el AICM hay varios salones para viajeros frecuentes, para los que tienen tarjetas influyentes. No me gusta decirles VIP, ese no es el término. El caso es que en algunos hay spa mientras esperas para ir a la puerta. En el de MasterCard y American Express hay, pero el problema es que es first come – first served. Entonces nunca hay lugar. Ley de Murphy, antes de ti siempre está la gordita que va a Villahermosa y se quiere hacer las uñas de gelish para la boda que tiene al día siguiente. Sin embargo, en el The Grand Elite Lounge de la sala 19 puedes reservar con varios días de anticipación para disfrutar de la experiencia. Hoy nos hicieron masaje de patukis y directito al avión. Me sentí como el Maharajá de Pokajú en Don Gato. Ahhh y lo mejor es que es gratis.

Abordamos y como lo tenía contemplado, el Dreamliner tenía muchos lugares sin ocupar. Había seleccionado en la fila 18 pero vi que la parte de atrás iba más vacía que Six Flags entre semana y mejor nos sentamos en la fila 34. La esposa llevaba tres asientos para ella solita y yo también.

El Dreamliner no es el avión más cómodo, pero es cumplidor. Bpeing solamente se enfoca en que sus aeronaves sean funcionales. La comodidad no es prioridad

No tomé Clonazepam para dormir. Confié en que tenía tanto sueño que dormiría al menos cinco horas. ¡Matanga dijo la changa! Always stick to the script. En vuelos de más de 6 horas, debo tomar la pastilla o se me hace eterno. Total que dormí tres horas y después vi Netflix. No les diré en qué serie voy porque ustedes son súper bitches spoilers y me la arruinarían.

Majestuosos y vigilantes los volcanes. ¿Ya vieron qué se ve al fondo? Espectacular

Me perdí el desayuno. A diferencia de las aerolíneas de élite, en Latam no te dejan un papelito que dice que cuando despiertes pidas tu comida. O sea, te friegas si te quedas jetón. El vuelo transcurrió sin novedad. Desde que se fusionaron LAN y TAM, la calidad ha bajado mucho en estos vuelos. Los sobrecargos se limitan a los dos servicios de alimentos en el vuelo de 8 horas y listo. Nada extra. Hasta las líneas gringas te sorprenden con un detallito de vez en cuando: helado Häagen-Dazs, un sandwichito a medio vuelo o botellas de agua incluso en coach. Nada de nada.

La comida parecía la vomitada de Pancho pero la verdad es que tenía buen sabor. Lástima que se queda uno con hambre porque ni “un pancito dan”

Llegó la comida y para esa hora, ya estaba hambriento. Cuando la aeromoza (me da risa esa palabra, suena como del siglo XX) me pasó mi charola, me quedé como: That´s all? Un platito redondo con carne y puré. Estaba bueno, pero ya no te dan pan o ensalada. Cero consideraciones con los gorditos que necesitamos muchos carbohidratos para ser felices.

Galley del 789 de Latam

Comenzamos el descenso. Como ya es costumbre, todo gris. Santiago es una de las ciudades más contaminadas del mundo y cuando aterrizas aquí, te percatas de ello. Hay una capa asquerosa que hasta puede confundirse con bruma. Aterrizamos y como tenemos vuelo en conexión, no pasamos Migración y Aduana. En cinco minutos ya estábamos de regreso en las salas. Aunque no se confíen. Hoy fue corta la fila de seguridad pero hay días que rebasa los 200 m de larga.

Estamos en uno de los salones de Priority. Chambón. Hasta los del AICM son mejores. Ahora a esperar el vuelo a Buenos Aires. Mientras tanto, vamo abriendo unas botellas de vino espumoso (ellos le llaman champagne. Sí, como no). Nos leemos en desde la Argentina o antes, si la nación os lo demanda. Ah vedá