Viajando con las primas a Buenos Aires

Buenos Aires es el lugar al que pertenecemos la esposa y yo. Es ahí dónde queremos vivir. Por eso, cada vez que podemos nos damos nuestras escapadas. Esta vez es un viaje diferente. Vamos a investigar y ver cuánto nos cuesta vivir allá, pero hay una sorpresita: llevamos dos acompañantes. Mis canchanchanes de la foto son Camila y Tamara, mis primas. Tienen 15 y 12 años. Se va a poner bueno porque Buenos Aires nunca decepciona.

Al viajar con menores de edad sin sus papás, se necesita permiso especial para salir del país. Un desmán porque en la aerolínea decían que además del formato SAM (el del gobierno de México), se necesitaba una carta notarial. Nanai. No se dejen chamaquear, No se requiere.

Nosotros fuimos la semana pasada a Migración. La subdelegación que nos corresponde es la de Ejército Nacional, en Polanco, allá en la tierra de los fifís, diría ya saben quién. Llegamos desde temprano y la fila era medio bizarra. Había de todo: el típico sudamericano renovando su FM3, las muchachonas de Europa del este que a leguas se ve que trabajan en los tugurios y sótanos de la Ciudad de México y nosotros, los chamacos queriendo viajar sin papás.

Nos dieron ficha, abrieron y al instante nos atendieron. La Netflix es que los trámites del gobierno federal son eficientes. Nos firmaron el mentado Formato de Salida de Menores (SAM) y nos retachamos pal cantón. Ya estaba listo el trámite y podíamos emprender el viaje al sur.

Llegó el día. Hoy por la mañana nos apeamos en el AICM, la prima Tamara y yo hicimos el check-in sin problema, pero a la puberta de Camila, no le sellaron en Migración el formato de salida y casi le da el tramafat porque pensó que ya no podía volar. Ya quería hablarle al presidente (ni tiene su teléfono) para sacar el charolazo. Lo bueno es que fue al módulo de Migración y le firmaron el papelito faltante y vámonos pa Buenos Aires my love.

Llegó la despedida, uno de esos momentos nefastos de los viajes porque aunque no llores, son momentos llenos de nostalgia. Ninguna de las primas soltó el llanto. Tamara dijo que se le había metido una basurita en el ojo. Ay sí, ajá. Nos encaminamos al The Grand Lounge de la T1 y ya teníamos reserva para un masaje de patukis antes de abordar.

Llegamos corriendo al avión y rápidamente nos postramos en nuestros aposentos por las próximas ocho horas. El vuelo sin novedad. Y se movió un ratito, pero nada del otro mundo. Nos divertimos un montón. Fuimos haciendo chistes tetos la mitad del tiempo. Les dejo la comida. Estaba buena, pero muy poquita.

Ahora estamos en Santiago en el Pacific Club, al que accedimos con la tarjeta de Priority Pass. Ahora resulta que te limitan a tres drinks. A una doña, la bartender la acaba de batear y se fue como perrito regañado. Ya no le sirvió. Y en esas andamos. En cuanto cumpla los tres drinks, cambiaremos de salón. ¡Pos oye!

Deja un comentario