Por estas cosas me encantaría vivir en Buenos Aires

La carne asada es una de las razones por las que muero de ganas por vivir en Buenos Aires. Allá le dicen asado y es todo un ritual. Puedes vivir en un departamento con un pequeño balcón, pero no dudes que tenga asador y si no, la mayoría de los edificios en Capital Federal tienen áreas comunes donde suele haber una parrilla.

En México si te quieres lucir con una carne top, debes venir cargando tu caja desde Sonora, Torreón o Monterrey. La Netflix padrinos. La carne de Rancho 17, La Laguna y San Juan es la mejor del país. Si no pueden traerla de alguno de esos lugares, les recomiendo mucho la de Costco y la de City Market. Un kilo de rib eye o New York bueno, aquí en México va de los 400 a los 800 pesos (de 20 a 40 dólares). A mí me gustan mucho las tablitas de la ya mencionada San Juan, también se les conoce como cabrería.

¡Ya nos desviamos mucho del tema porque la historia es en Argentina! Desde la semana, los amigos o la familia se ponen de acuerdo para verse el sábado y prender el asador. El hombre es el encargado de ir al súper. Hay muy buenas carnicerías, pero la verdad es que en el Coto o en el Jumbo, los supermercados tradicionales, encuentras gran calidad.

A pesar de que el país sudamericano vive en crisis económica, la carne es uno de los pocos productos que sigue siendo más barato allá que en México y no escatiman en calidad. En el Coto, un kilo de bife de chorizo cuesta 190 pesos mexicanos. Lo malo es que los limones te los atoran en 71 pesos el kilo.

Es sábado y nos toca ir por la carne con Nico (mi concuño). Vamos al Coto de Saavedra y está lleno. Al ver las cajas, te das cuenta que en la fila estarás más tiempo que cuando te subes a la Tower Of Terror en Disney.

Elegimos unos bifes de chorizo y un costillar. También pasamos por los benditos limones y unas cebollas. Aquí en Argentina no comen cebolla asada, pero la llevaré a casa de la prima de la esposa para que la prueben. A mi tío Javi no le gustó mucho que digamos. También me criticó por ponerle limón a la carne, pero déjenlo. No pasa nada. Cada vez que veo al entrenador de Rusia, me lo imagino a él diciéndome que echo a perder la comida.

Stanislav Chershésov, el técnico ruso. Cuando el tío Javi me regaña por ponerle limón a la comida, así lo imagino.

Salimos de ahí engentados. Mirá vos que las cajeras son más lentas que Higuaín cuando va solo contra la portería. El tiempo apremiaba y apuramos el paso para ir por los vinos. Otra de las maravillas argentinas. En México una botella de Angélica Zapata de Bodega Catena te cuesta 1,400 pesos. En Argentina 600. Para los que nos encanta entrarle al chupirul de calidad, es el paraíso.

Manejamos veinte minutos por la General Paz y llegamos “a lo de la prima”. Así hablan allá. Nos trataron diez puntos. Mariana y Javier fueron grandes anfitriones. Miren nomás lo que nos tenían preparado. ¡Fueron a matar tres vacas en la mañana! Además tienen un jardín muy bonito con una especie de cabaña, en la que nos sentamos a cenar. De lujo.

Vean qué delicia. A ver si no nos da gota

Fue una gran noche porque además los tres sobrinos de la esposa son muy amables y platicadores. Luego llegó otra de las primas de la esposa con toda su familia y se puso bueno el chisme. Yo, como siempre, no me quería ir de la fiesta, pero mi suegra y la cuñada ya necesitaban su cama. Cada vez que pienso en que queremos ir a vivir a Buenos Aires, recuerdo estos momentos y nada, se multiplican mis ganas.

Ahhhh el tip: cuando compren cortes finos, solamente hay que ponerle sal. Punto.

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