El mejor ambiente del mundo está en La Bombonera

Perdone la muchachada si pierdo la objetividad (que de cualquier forma creo que no existe). De antemano ofrezco una disculpa porque el futbol es así, pasión pura. Y bueno, ¿qué le vamos hacer? Cada vez que estamos en Buenos Aires hago hasta lo imposible para ir a los partidos. Muchas veces me he llevado un gran chasco porque acostumbramos venir en Navidad y en esas fechas no hay liga. Ahora tuve suerte de que siga la Libertadores. Tocó ir a ver a Boca.

Boca Juniors es uno de esos equipos que lo amas o lo odias. Yo elegí la segunda, porque en algún momento le fui a Cruz Azul y estos mentecatos le metieron al club la derrota más dolorosa de su historia en una final libertadora. Sin embargo, es imposible negar que en su estadio se vive el mejor ambiente del mundo. Fuera de un mundial, es imposible encontrar algo similar. Ni en Dortmund, ni en Liverpool, ni en Belgrado. Obviamente tampoco en El Volcán o el Bancomer de Monterrey. La Bombonera de Boca es única. Las palabras no alcanzan para describir lo que los aficionados podemos sentir en ese lugar.

Vayamos por partes. Aterrizamos en Buenos Aires a las 3 de la mañana y la cuñada nos fue a buscar a Ezeiza. Va un tip de viaje: cuando vengan a Argentina y traigan dólares, chequen que los billetes que les dan en México no tengan ninguna marca con pluma o marcatextos. Anoche que cambié, no me aceptaron varios porque tenían marcas. Me ardí tanto que hasta le dije al cajero: “Che, boludo, preocupáte más por los bishetes argentinos que entregás, porque esos se ven más falsos que los dólares que te estoy dando”. Y sí.

Después de dormir unas horas, llegamos al departamento que será nuestro hogar por las próximas dos semanas. Un lugar muy bonito eh. La Pili se lució, Mi suegra diría que “diez puntos”. La amiga de toda la vida de la esposa nos prestó su casa. Todo muy bien acá. Tiene un gatito que se llama Issi, a quien tendremos que cuidar. Es un gran personaje el misifús. Es un poco tímido pero agarra confianza en un ratito y listo.

Por la tarde encaminé a la cancha pero antes tenía que recoger mi boleto en un hotel de la zona de Recoleta. Me fui en tren a Retiro y de ahí caminé unas cuadras. Mirá vos, que el barrio es pipirisnais. Es el equivalente a Polanco pero con una arquitectura francesa que la hace imponente. Te remonta a los buenos tiempos de la Argentina.

La estación de Retiro. Separa a Recoleta, el barrio de los millonarios, con la Villa 31, el barrio de los más pobres

Caminé hasta 9 de Julio, la calle más ancha del mundo. Mide 140 metros. Le tomé foto al Obelisco para que vean que sí vine a Buenos Aires y enfilé a la cancha de Boca. El estadio Alberto J. Armando está en una zona muy brava de la capital. Hay que andarse con cuidado porque la barriada no perdona y los malandrines están al acecho.

En los estadios argentinos no venden alcohol. Tomé mis precauciones y me eché una Quilmes cuando me bajé del camión. El futbol sin chela no es futbol. La Bombonera es imponente. Es un lugar viejo, descuidado y muy maltratado, pero mítico. Los amantes del deporte deben venir al menos una vez en su vida. El ambiente es inigualable. Por más que sientas repulsión hacia Boca, hay una parte que termina envolviéndote. La tribuna impone.

Las palabras no alcanzan para describir lo que se vive en ese caldero amarillo y azul. Les comparto unos videos para que se emocionen.

 

El marcador fue lo de menos. Boca Juniors necesitaba ganar y que Palmeiras no perdiera para calificar a octavos de la Libertadores. Como se esperaba, se dio la combinación. Fue una noche única. De esas que recordarás y recordarás hasta que vuelva a pasar.

Policías afuera del estadio viendo el partido de Boca

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