Mi primera vez como Aviation Geek

Ayer dos amigos me invitaron a tomar fotos de aviones. Aunque suene raro, es una experiencia padrísima. Cerca del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, existe un lugar en el que amantes de la aviación se juntan para hablar de lo que más les gusta y sacar imágenes de gran calidad. Las fotos son tan buenas, que algunas hasta se pueden vender.

Aunque me gusta mucho la aviación civil e invierto mi tiempo en foros y diversas páginas de internet, no soy experto. Llegué con mi camarita de turista, una Coolpix B500 que mi esposa me regaló de cumpleaños y ha salido muy buena. Los que le saben llevan sus lentes de miles de dólares.

Estuvimos cuatro horas y la pasé muy a gusto con mis amigos twitteros @rome_alex y @azapatamx. Es una maravilla ver cómo esos monstruos (los aviones y no mis cuates) se elevan con cientos de personas abordo. La cafetería se encuentra en Poniente 13, atrás del Centro de Mantenimiento de Mexicana. En Google Maps y Waze aparece como “La Casa de la Aviación”. Es un lugar sencillo donde puedes comer algunos antojitos. El único down es que no venden cerveza y el calor está pegador por las tardes porque es una terraza. Cobran 20 pesos la entrada, 20 pesos el estacionamiento y lo que consumas.

Les comparto algunas de las fotos que tomé

Un retro de American Airlines
El Dreamliner de ANA, aterrizando de Tokyo. Esta aerolínea está entre las 10 mejores del mundo
Un 737 de Southwest
Un 747 de carga de cargolux, proveniente de Luxemburgo
Este ni presentación necesita. Impresionante el tamaño del A380
Un B777 de Alitalia, proveniente de Roma. Todavía con la imagen vieja
Este es un 737-800 de Alaska Airlines que está pintado de esta forma para promover uno de los productos más importantes de Alaska

 

El A340 de Iberia aterrizando de Madrid
También le tomé fotos a Aerobús para que luego no digan que nomás a los grandes bonitos
Llegó la reina de Amsterdam, el jumbo de KLM
Un Airbus de Volaris
Un 767-200 de Aerounión con destino a Guadalajara
Esta foto me encantó
El 747-800 de Lufthansa con el Palacio de los Deportes de fondo
Otra foto del cargolux, segundo después de haber despegado
KLM y Lufthansa son las únicas líneas comerciales que traen el B747 a México

¿Se puede llevar paraguas como equipaje de mano?

La respuesta es sí, pero hay que investigar qué paraguas. Hace unos días estuvimos en Tokyo y llovía todo el tiempo. Compramos dos sombrillas y como imaginarán, nada baratas. Volamos de Japón a Corea y no sabíamos qué hacer. Los mentados paraguas no cabían en la maleta documentada y eran de pico. Total que después de mucho esfuerzo uno lo pudimos meter en la petaca (me da mucha risa esa palabra), pero el otro no y lo dejamos abandonado. El personal de limpieza llevaba sus carritos llenos de sombrillas y pensamos que estaban prohibidos. Muchos pasajeros los dejan.

Me puse a investigar lo que dice TSA al respecto. La Transportation Security Administration es la mera mera en los aeropuertos de Estados Unidos. Lo que ellos dicen, casi casi que es ley. Pues en su página de internet dice que se puede llevar el paraguas como equipaje de mano sin importar si es de bolsillo o picudo. Sin embargo, hay que checar con las aerolíneas por las restricciones que imponen como equipaje abordo en la cabina.

En el sitio de la TSA se aclara que podemos llevar sombrillas como equipaje de mano, pero insiste en checar con la aerolínea para especificaciones de tamaño

Por ejemplo, Interjet permite objetos de hasta 55 centímetros de altura. Esto significa que solamente puedes llevar un paraguas de bolsillo. Aeroméxico te deja llevar objetos hasta de 56 centímetros de altura, Aerobús de 56 y Volaris de 57 cm. Sinceramente es ridícula esa cantidad y solamente quieren que documentes para pagar más. Casi ninguna maleta de las llamadas carry-on mide eso de altura. Tan solo una mochila de tamaño regular mide 48 centímetros. Los compartimentos superiores en los aviones nuevos son más grandes, pero ahora con esa modita de las tarifas de “basic economy”, ya no puedes llevar ni tus lonjas porque de todo quieren cobrarte.

En el Aeropuerto de Tokyo Haneda vimos gente que subió al avión sus sombrillas picudas, que evidentemente miden más de 56 centímetros. La realidad es que es a discreción de cada aerolínea si te permite o no subirla. Mi recomendación es que tengan un paraguas de bolsillo resistente y ese, lo pueden llevar como equipaje de mano sin ningún problema. No se arriesguen a que les digan que no. Ya saben que los empleados de las aerolíneas suelen sentirse los non plus ultra y con tal de fastidiarte, son capaces de decirte que no, cuando no le afecta a nadie. Aunque si está en las reglas, te friegas. Obviamente no vayan a intentar subir un paraguas de los que usan en el golf, tampoco sean así.

Consideren que si el paraguas va a fuera de su mochila, bolsa o maleta de mano, se considera como una pieza de equipaje. Por eso, mejor el chiquito que cabe en todas partes.

Pasajero con sombrilla como equipaje de mano en un vuelo Tokyo-Seoul. Obviamente medía más de 55 cm y de cualquier forma, lo permitieron

Conviene tener la tarjeta Priority Pass

Un amigo me ha insistido en que escriba a cerca de los salones vip que hay en el Aeropuerto de la Ciudad de México. En lugar de eso, les traigo una recomendación: saquen su tarjeta de Priority Pass.

La pueden comprar, pero los precios son muy altos y más porque se puede obtener como beneficio de muchas tarjetas en México. Por ejemplo, al tener una tarjeta World Elite de ScotiaBank, puedes entrar a los salones las veces que quieras sin pagar y además, incluye a un acompañante. También puedes disponer de ella con American Express Gold, Platinum y Black. Sé que otros bancos tienen convenio con Priority Pass, pero estas dos instituciones, son con las que yo tengo la tarjeta.

En la Ciudad de México hay varios salones a los que tenemos acceso como clientes de Priority Pass: en la Terminal 1 en The Grand Lounge Elite, Lounge 19 y el Salón de Avianca. En la Terminal 2 se puede acceder a los Salones Premier y al de Aeromar.

Una de las ventajas, a diferencia de los salones de las aerolíneas, es que no es necesario viajar en primera clase. Cuando llegas al mostrador del salón, solamente te pedirán la tarjeta, tu pase de abordar y pasaporte.

Vale la pena porque pueden echarse unos drinks coquetos antes de subirse al avión. En los mejores salones hay hasta comida. En los normales, pueden esperar lo típico: sandwichitos, papas y alguna fruta.

El salón de Asiana en el Aeropuerto de Seoul Incheon

Lo malo es que la cobertura es irregular. Hace unas semanas, viajamos a Oaxaca. El aeropuerto es muy chiquito y aun así, hay un salón VIP con acceso a clientes de Priority Pass. El contraste lo vimos en el Aeropuerto de Tokyo Haneda, uno de los más grandes del mundo y no tiene salón. En Los Ángeles la oferta también es muy limitada, al igual que en San Francisco. En cambio, en Tokyo Narita, hay cinco opciones. Nosotros entramos al de Korean Air y lo que más me gustó es que hay máquinas de cerveza de barril automáticas. Sí, así como lo leen y lo pueden ver aquí abajo.

Regresando a los salones en el Aeropuerto de la Ciudad de México, mi favorito es el Lounge 19 porque hay un spa de cortesía. Qué maravilla que te den un masaje de pies o te hagan manicure antes de abordar tu vuelo.

Los precios de Priority Pass, si deciden comprar la membresía sin convenio con algún banco, son: Standard 99 dólares al año pero hay que pagar 27 USD cada vez que lo uses y también tus invitados tienen que ponerse la del Puebla y caerse con esa lana, Standard Plus que cuesta 249 dolarucos anuales y te incluye diez visitas y 27 dólares la de cada acompañante y está la Prestige que por 399 piedrólares te da acceso a cientos de salones alrededor del mundo de forma ilimitada, pero por invitado pagas 27 USD.

El tip es que se acerquen a su banco de confianza y pregunten cuál de sus productos incluye Priority Pass. Tampoco se puede ser gorrón. Es un hecho que para tenerla, hay que contratar una tarjeta de crédito con anualidad. Al final es un producto Premium y hay que pagar por él. Con que viajen dos o tres veces al año lo desquitan. Vale mucho la pena y en especial, cuando las conexiones o esperas son largas.

Viajando en Business Class de Emirates

Durante años quise subirme a un avión de Emirates en primera clase. Es un lujo que solamente los millonarios se pueden dar porque los boletos cuestan miles de dólares. Sin embargo, existen algunas opciones (contadas con la mano) para poder lograr este sueño.

La aerolínea de Emiratos Árabes tiene varios vuelos de 5th freedom, entre ellos Bangkok-Sydney y Bangkok-Hong Kong. Aprovechando que viajaríamos de Tailandia a HKG, decidí comprar boletos de Business Class. ¿Qué es esto de la quinta libertad? Permite a las aerolíneas transportar pasajeros (revenue) entre países que no son base de la aerolínea que opera el vuelo. Es el derecho de llevar pasajeros de un país a otro y de ahí, a un tercer país. Por ejemplo: Londres-Sydney vía Singapore operado por British Airways. En el trayecto Londres-Singapore no se aplica el 5th freedom porque el avión despega desde el territorio base de la línea, en este caso Reino Unido. Sin embargo, en el segmento Singapore-Sydney sí aplica la quinta libertad porque ninguno de los dos países (Singapore y Australia) son base de British Airways. El 5th freedom right lo otorgan los gobiernos. El gobierno de México generalmente se opone en ese afán de cuidar los intereses de las aerolíneas en lugar de preocuparse por los pasajeros y tarifas más competitivas.

A diferencia de otros vuelos, en los que me gusta llegar con apenas una hora de anticipación al aeropuerto (obviamente sin documentar), en esta ocasión llegamos cuatro horas antes para poder disfrutar de toda la experiencia.

Algunos de los vuelos desde Bangkok Suvarnabhumi

Nuestro vuelo despegaba a las 13:45 h del Aeropuerto de Bangkok. Suvarnabhumi se encuentra a 33 km al este del Hotel Conrad, donde nos hospedamos. El trayecto fue de una hora y nos fue bien, para los estándares del tráfico en la capital de Tailandia.

Aunque no documentamos, pasamos por el mostrador porque no hice el web check-in. Fue expedito. A lo mucho tardamos cinco minutos y nos enfilamos hacia migración y seguridad. Como teníamos boletos de Business, nos formamos en la zona vip y todo tranquilo. Hasta ahí, el viaje marchaba fenómeno.

El mostrador de Business Class de Emirates en el Aeropuerto de Bangkok

Teníamos opción de elegir a qué salón íbamos porque con la tarjeta Priority Pass podíamos acceder a los de Air France, Oman Air y a los de Miracle. Sin embargo, elegimos el de Emirates porque en definitiva, es el de mejor servicio.

Vean qué lujo. Más que un salón vip de aeropuerto, parecía el buffet de un hotel de Las Vegas. Y ni qué decir de la barra de bebidas. Yo decidí abrir el bar temprano y para las 12 del día, ya llevaba una botella de Moet encima. Camarones, salmón, postres, barra caliente con ocho platos, caviar. Había de todo. Además hay regaderas y un titipuchal de detalles que hacen de Emirates, la línea más lujosa del mundo.

El vuelo se retrasó media hora. Así que seguí entrándole a la comida y a las bebidas espirituosas. Abordamos y en cuanto nos sentamos, nos ofrecieron más champagne, ¿y quién soy para decir que no?

Gracias, señorita sobrecargo. Por favor sírvale también a mi esposa, aunque no le guste. Yo me lo tomo

 

En cuanto despegamos, me di una vuelta por el avión. En el baño colocan amenities de Bvlgari y el típico cepillo de dientes.

 

La esposa iba muy contentota en el avión y eso que ni toma alcohol.

El servicio es fenomenal. Hay un ejército de sobrecargos que cuidan cada detalle para que los pasajeros sientan que desquitaron su dinero. ¡Pos oye!

Antes de despegar nos ofrecieron el menú y el purser (el mero mero de los flight attendants) se acercó a platicar un rato. Nos dijo que la mayoría de sus compañeros son australianos, españoles, ingleses y hasta mexicanos. Una vez en el aire, te toman una foto de recuerdo que imprimen ahí mismo. En cuanto llegamos a la casa, Chopi se encargó de romperla. Ese perrito debió llamarse Chucky, como el muñeco diabólico.

El menú del vuelo Bangkok-Hong Kong

 

Corina disfrutando de su comida. Sírvame, sírvame, que se lo toma mi esposo

El servicio de Business de Emirates es espectacular. El detalle que más sorprende a los pasajeros es el bar que se encuentra en la parte posterior del segundo piso del Airbus A380. Como en los viejos tiempos, una aeromoza se encarga de servir los drinks y los pasajeros disponen de una barra para interactuar. También se puede tener una pequeña junta o echar el chisme cachetón a gusto como si estuvieran en un restaurante.

Como todo lo bueno termina, comenzamos el descenso final a HKG, que se encuentra a 30 km de la ciudad. En algún momento, esta terminal fue la más grande del mundo. Aquí es base de Cathay Pacific y antes, el aeropuerto estaba en plena ciudad pero los aterrizajes y despegues eran literalmente entre los edificios y eso lo hacía muy peligroso.

La aproximación final al Aeropuerto de Hong Kong, que está en la isla de Chek Lap Kok. Del lado izquierdo hasta se aprecian los barcos. Este aeropuerto es el de mayor tráfico de carga en el mundo y está entre los 10 con más pasajeros en el mundo.

Además de la enorme pantalla de la que dispone cada pasajero, también hay una tablet con la que controlas los botones del asiento, que obviamente se reclina 180 grados hasta convertirse en cama. Incluyo una foto del asiento, que dispone de un servibar.

¿Vale la pena volar en en Business Class o Primera de Emirates? Costo-beneficio depende. Si tomas alcohol puede ser que lo desquites en vuelos cortos por los que no se paguen miles y miles de dólares. Tan solo una botella de Moet en un súper en Asia cuesta 60 dólares. Si a eso le agregas todas las amenidades y bla bla bla, lo desquitas. Si se van a subir y dormirán todo el vuelo, mejor compren lugar en Coach (y no la tienda de bolsas jijiji).  Es un lujo que todos los amantes de los aviones deben darse por lo menos una vez en la vida.

Los abusos de las aerolíneas cancelando boletos beneficio

Comprar boletos con millas conviene en algunos casos. Las tarifas de Aeroméxico, por ejemplo, son altísimas. No vale la pena sacar el boleto para una persona porque además de que se deben dar muchos puntos, también los impuestos y cobros que se inventan son altísimos. Ejemplo segmento Los Ángeles-México misma fecha: American Airlines 15 mil millas y 110 pesos mexicanos. Aeroméxico 30 mil puntos y 1,140 pesos. ¡Qué asalto! No tendrían ni por qué cobrar los de Aeroméxico porque de Estados Unidos a México no hay TUA y ningún tipo de impuesto.

La única forma en que les recomiendo acumular sus puntos en Aeroméxico es si tienen una tarjeta American Express con la aerolínea. Dependiendo de su nivel de gasto, les dan cupones 2×1 en el año y pueden ser para vuelos o Estados Unidos y Canadá (insisto, dependiendo cuánto gasten con la Amex).

Ya me desvié del tema. Lo que quería advertirles es que tengan mucho cuidado al reservar boletos beneficio. Esta semana volaba a Los Ángeles. Compré la ida con American Airlines y el regreso lo saqué con millas, también en AA. Como mi abuela está muy grave, cancelé el viaje de último momento. Me resigné a perder el segmento que había pagado y hablé a American para que me regresaran las millas a mi cuenta.

Me llevé una desagradable sorpresa cuando me dijeron que sí me podían regresar las millas pero que debía pagar 150 dólares de penalización. ¿Qué? Antes no era así. De verdad que de todo quieren hacer negocio. No sé si perder esas millas o pagar los malditos 150 dólares.

Después hablé a Aeroméxico porque mi esposa regresaba de Los Ángeles con ellos. También sacamos el boleto con puntos y otra vez lo mismo. Esos desgraciados queriendo cobrar 2,900 pesos por cancelar la reserva y regresarme mis puntos. Son 30 mil y no sé si pagar la dichosa cuota o perder lo que acumulamos con tanto esmero y gasto.

La moraleja es que lean muy bien las cláusulas de los boletos beneficio. Las aerolíneas cada vez son más abusivas. Desconozco si otras aplican estas condiciones, pero esto es reciente.

Lo peor es que el hotel también lo había pagado con puntos de One World y se perdieron porque no aceptan cancelaciones. De por sí, ya es nefasto que con lo que acumulas de un vuelo a Tokyo, otro a Madrid, uno a Buenos Aires y otro a Santiago, te alcance solamente para dos pinchurrientas noches de hotel.

Iba a decirles que lo barato sale caro, pero ni eso, porque acumular puntos, kilómetros, millas o lo que sea, es muy caro.

Mi lugar favorito en Tokyo

Mi amigo Sopitas en su biografía de Twitter escribió que es un tipo muy afortunado. Yo también lo soy. Cuando se escribe de viajes, comida y en general, de experiencias, es imposible no pecar de presumido, por más que se intente ser humilde. No importa. El chiste es poder compartir lo que vamos aprendiendo en el camino, por si algún día les es de utilidad.

Cuando leo y releo lo que escribo, las ansias de buscar el mejor texto posible me carcomen, pero al final lo dejo tal como me viene a la mente, para que cuando el amable lector le dedique su valioso tiempo, sienta que me está escuchando como soy, sin pretensiones. Por ejemplo, sé que en español se escribe Tokio, pero a mí me gusta con Y, Tokyo. ¿Y qué?

Hoy toca mi lugar favorito en Tokyo. Soy gordito, entonces es una obviedad que mi happy place sería algo de comida. Se llama Butayaro y al parecer, se escucha muy similar a una grosería en japonés porque cada vez que repetía la palabra enfrente de una amiga de allá, moría de risa y me trataba de explicar que es una mala palabra.

En Tokyo lo único que no hay es espacio. Este restaurante es miniatura y consta de una barra en L y enfrente tiene la cocina, que consiste en un asador, varias ollas y una máquina en la que tú eliges qué quieres y depositas el dinero como vending machine, te entrega un ticket y se lo das a las doñitas.

Butayaro es un lugar sin pretensiones. Está en un tercer piso y parece que el target son los liliputienses, porque apenas y cabemos los chaparritos. Solamente entran nueve comensales y a la hora del lunch, la fila puede llegar hasta la calle. El menú es muy sencillo: sopa miso, alguna otra curiosidad que no logré descifrar y un butadon espectacular. De tomar, agua sola o cerveza. No hay más.

La máquina en la que ordenas lo que vas a comer

El butadon es carne de puerco con una especie de salsa teriyaki sobre arroz gohan. No saben qué maravilla. Solamente de imaginarlo, ya me dio hambre. Los japoneses son expertos en cuidar los detalles. Rebanan a la perfección la carne para que quede homogénea y el grosor es un poco mayor que el de un carpaccio. De esta forma, la cocción es la ideal.

Lo mejor es que Butayaro cumple con las 3B: bueno, bonito y barato. Además, está en una zona por la que todos los turistas pasan, ya que se encuentra a escasos 500 metros de Akihabara, ¡donde venden todo lo relacionado con los freaks, digo, geeks!

¿Cuánto cuesta? Hay tres tamaños de butadon: de 500, 700 y 900 yenes. Mi esposa se empaca el de 700 y yo, dependiendo de mi hambre. Esta última vez, un día me comí 2 de 600 (bodrio, asqueroso del mal) y la otra uno de 900. Para que resbale, una Sapporo bien pinches fría.

 

El tip que debo compartirles es que vayan después de las 2 de la tarde porque antes, la fila es muy larga. Si son de los que tienen la necesidad de comer casi todo con limón (yo soy de esos), enfrente hay un minisúper Lawsons que vende jugo. Ni modo, es lo que hay, al menos que vayan cargando sus limones. También llevo mi Salsa Tabasco, pa que me critiquen a gusto. Ahhhh… no olviden su sweater porque al ser un lugar cerrado y con el asador, prenden el aire acondicionado en lo más fuerte. Y sí, se van a ahumar, pero ni modo. Lo vale

Esta es la fachada. El metro más cercano es Ochanomizu

Por estas cosas me encantaría vivir en Buenos Aires

La carne asada es una de las razones por las que muero de ganas por vivir en Buenos Aires. Allá le dicen asado y es todo un ritual. Puedes vivir en un departamento con un pequeño balcón, pero no dudes que tenga asador y si no, la mayoría de los edificios en Capital Federal tienen áreas comunes donde suele haber una parrilla.

En México si te quieres lucir con una carne top, debes venir cargando tu caja desde Sonora, Torreón o Monterrey. La Netflix padrinos. La carne de Rancho 17, La Laguna y San Juan es la mejor del país. Si no pueden traerla de alguno de esos lugares, les recomiendo mucho la de Costco y la de City Market. Un kilo de rib eye o New York bueno, aquí en México va de los 400 a los 800 pesos (de 20 a 40 dólares). A mí me gustan mucho las tablitas de la ya mencionada San Juan, también se les conoce como cabrería.

¡Ya nos desviamos mucho del tema porque la historia es en Argentina! Desde la semana, los amigos o la familia se ponen de acuerdo para verse el sábado y prender el asador. El hombre es el encargado de ir al súper. Hay muy buenas carnicerías, pero la verdad es que en el Coto o en el Jumbo, los supermercados tradicionales, encuentras gran calidad.

A pesar de que el país sudamericano vive en crisis económica, la carne es uno de los pocos productos que sigue siendo más barato allá que en México y no escatiman en calidad. En el Coto, un kilo de bife de chorizo cuesta 190 pesos mexicanos. Lo malo es que los limones te los atoran en 71 pesos el kilo.

Es sábado y nos toca ir por la carne con Nico (mi concuño). Vamos al Coto de Saavedra y está lleno. Al ver las cajas, te das cuenta que en la fila estarás más tiempo que cuando te subes a la Tower Of Terror en Disney.

Elegimos unos bifes de chorizo y un costillar. También pasamos por los benditos limones y unas cebollas. Aquí en Argentina no comen cebolla asada, pero la llevaré a casa de la prima de la esposa para que la prueben. A mi tío Javi no le gustó mucho que digamos. También me criticó por ponerle limón a la carne, pero déjenlo. No pasa nada. Cada vez que veo al entrenador de Rusia, me lo imagino a él diciéndome que echo a perder la comida.

Stanislav Chershésov, el técnico ruso. Cuando el tío Javi me regaña por ponerle limón a la comida, así lo imagino.

Salimos de ahí engentados. Mirá vos que las cajeras son más lentas que Higuaín cuando va solo contra la portería. El tiempo apremiaba y apuramos el paso para ir por los vinos. Otra de las maravillas argentinas. En México una botella de Angélica Zapata de Bodega Catena te cuesta 1,400 pesos. En Argentina 600. Para los que nos encanta entrarle al chupirul de calidad, es el paraíso.

Manejamos veinte minutos por la General Paz y llegamos “a lo de la prima”. Así hablan allá. Nos trataron diez puntos. Mariana y Javier fueron grandes anfitriones. Miren nomás lo que nos tenían preparado. ¡Fueron a matar tres vacas en la mañana! Además tienen un jardín muy bonito con una especie de cabaña, en la que nos sentamos a cenar. De lujo.

Vean qué delicia. A ver si no nos da gota

Fue una gran noche porque además los tres sobrinos de la esposa son muy amables y platicadores. Luego llegó otra de las primas de la esposa con toda su familia y se puso bueno el chisme. Yo, como siempre, no me quería ir de la fiesta, pero mi suegra y la cuñada ya necesitaban su cama. Cada vez que pienso en que queremos ir a vivir a Buenos Aires, recuerdo estos momentos y nada, se multiplican mis ganas.

Ahhhh el tip: cuando compren cortes finos, solamente hay que ponerle sal. Punto.