Hoy fue día de visitar estadios de fútbol. Generalmente el primer cuestionamiento de la gente es juay prefiero estar conociendo estadios en lugar de ir a museos y las atracciones del lugar que visito. Hay muchas razones. La primera es porque el fútbol es muy importante en mi vida y no basta con verlo, hay que saberlo. Cada ve que estoy viendo Sportscenter y pasan los goles de algún partido, me pregunto cómo es el estadio, el barrio y todo lo que rodea a ese equipo. Y si ya he ido al lugar, me sirve para recordar, pues ya saben, recordar es vivir.
Segunda razón, las atracciones de una ciudad suelen ser muy caras y no está el horno para bollos y no podemos estar despilfarrando el dinero en muchas cosas que al final resultan decepcionantes. Tercera razón, los monumentos, museos y demás, suelen estar llenos y ni disfruta uno. Cuarta razón, yendo a los estadios conoces cómo vive la gente. Visitando los estadios pude conocer el verdadero Montevideo y no el turístico. Es como si un uruguayo visitara México y no saliera de Reforma y el Centro Histórico. Ese no es el verdadero México.
Apenas terminé de desayunar y me preparé para la aventura de hoy y vaya que fue atractiva. Como hombre prevenido vale por dos, le mandé a la chica de la recepción los mapas que bajé de Google Maps para no perderme. Cuando bajé por ellos, la mujer estaba vuelta loca porque mandó imprimir el archivo 4 veces y a color y eran 7 mapas y no sabía cómo cancelar las impresiones jajaja
Como hoy también fue día festivo acá en las uruguayas, la recepcionista había traído a su hermano de 13 años a trabajar y me quedé un rato platicando con él. ¿De qué podíamos hablar un mexicano de 25 años y un uruguayo de 13? Pues de fútbol. Aunque no lo crean el fútbol nos une en todo el mundo.
Decidí que mi primera escala sería el Parque Capurro, sede de Fénix, equipo que le atascó un amargo 6-1 a Cruz Azul en alguna edición de la Copa Libertadores. Obviamente me propuse colarme a la cancha de los estadios que visitara. Pos oye, después de meternos de contrabando hasta en White Hart Lane en Londres, todo es posible. Y vaya que cumplí con mi misión.
Después de un recorrido en camión que duró media hora y una caminata de quince minutos, llegué al estadio y cual fue mi sorpresa al ver estas imágenes. La rivalidad con otros equipos es mucha y para muestra, una pared del estadio que fue pintarrajeada por el equipo rival.
Esta es la taquilla. Acá venden los boletos. Las condiciones de la mayoría de los equipos de Uruguay es precaria y eso que todas las fotos que veremos, son de equipos de primera división.
Como estaba terminando el entrenamiento del equipo, pedí permiso para meterme. Ya saben, lo clásico: “ oiga vengo desde México y me gustaría tomarle una foto a la cancha. Soy seguidor de Fénix (ay ajá) “. Siempre funciona.
Acá las imágenes de la cancha y los vestidores del equipo local. Da hasta pena ajena la situación. Y pensar que en México nos quejamos de nuestros estadios.
Esta es la taquilla del Paruqe Capurro de Fénix.



Como estaba terminando la práctica, me hice amigo del utilero y el masajista y me colé hasta el cuarto donde guardan los tacos y me dejaron tomarle fotos al equipamiento de los jugadores. Olía medio feo eh jajajaja.

Al final, me tomé una foto con “El Pájaro”, el viene viene que cuida los coches de los jugadores. Yo no quería, pues odio a estos personajes, pero el tipo me ayudó a meterme e insistió mucho y de eso a dale propina, pues mejor la foto.

En dos kilómetro a la redonda hay cinco estadios. Ahora tocaba el turno de caminar al del Liverpool. La cosa se puso medio ruda, pues la zona no es muy amigable que digamos y el estadio está en el olvido y eso que es de primera división.
Sí señoras y señores. Esta es la fachada del estadio de Liverpool. Del lado izquierdo se pueden observar las taquillas. El estadio se llama Velvedere.

En esta pared, presumen que hace en este estadio, hace 101 años, la selección de Uruguay utilizó por primera vez la playera celeste. Las ocho placas hacen alusión a ello. Se ve que no tienen muchos méritos deportivos y tuvieron que hacer esto.

Por increíble que parezca, afuera del estadio hay una excavación de cinco metros de profundidad y la gente camina a ladito. Peligrosa la cosa.

Vean la tribuna principal. Son estadios para menos de diez mil personas y no se caen a pedazos nomás porque están prácticamente al nivel del piso. Instalaciones muy viejas las del Liverpool. Eso si, pronuncian al equipo como la ciudad inglesa y no como la tienda departamental mexicana.


Llegó el momento de caminar por El Prado, una zona de clase media donde hay tres estadios en mismo número de manzanas. Mi primera escala fue en el Parque José Nasazzi, casa de Bellavista.
La mayoría de los terrenos donde se encuentran los estadios, fueron cedidos por el gobierno de Montevideo. Este no es la excepción.

Vean el “estadio”. Esto bien podría ser una cancha de Magdalena Mixhuca o como se escriba.



Y de la taquilla ya mejor ni hablamos…

Con un dolor de pies enorme por todo lo que había caminado, era el turno de visitar el estadio de Montevideo Wanderers, un equipo que se creó como la mayoría, con ayuda de los ingleses que se afincaron en la República Oriental de Uruguay.
Llegué con la esperanza de encontrarme un estadio de a de verás pero nada. El Alfredo Víctor Viera fue una decepción. No entiendo cómo es que la Conmebol permite que algunos juegos de Libertadores se jueguen en estas pocilgas. A veces si los cambian a estadios más grandes y decentes pero otra los dejan así.
Esta es la fachada del estadio de Wanderers, el cual está enfrente de un complejo de tennis muy bonito. Algo así como polos opuestos. Nótese que está graffiteado.

¿Qué tal este mensaje? El que lo escribió se inspiró un ratito o sólo es un fantoche que está faroleando.

Unas imágenes de la cancha. El pasto se veía bien cuidado pero no daba el ancho para ser uno de primera división.


En Uruguay también hay un River Plate y parece la fiel copia del conjunto argentino. Ignoro la historia del charrúa y ahorita no hay internet para poderlo checar en mi amiga Wikipedia.
La sede del equipo es el estadio Parque Saroldi. SI uno va caminando por la calle sin saber que el inmueble está ahí, ni se entera. Esta pared se encuentra atrás de una de las porterías y es lo único que te dice que estás en la cancha de River.

Acá también me pude colar a la cancha (como en todos las demás, #superenesonovatos). Atrás de la tribuna principal, había un grupo de personas organizando una fiesta infantil y se me quedaron viendo raro porque me mezclé entre ellos para poder entrar. Toqué en la puerta del presidente y le pregunté si podía tomar una foto y su respuesta fue: “ ¿vos sabés que no sé? Andate y habla con el canchero y decile que te abra la puerta”. Yo me quedé como López Dóriga cuando entrevistó a Anthony Hopkins. ¿Quién carajos es el canchero? Total que no le hice caso y como la puerta estaba abierta, me metí y pude tomar estas fotos.


Salí de ahí y llegó la hora (al fin) de ir a un estadio de verdad. Tenía que ir al estadio de Nacional. Les cuento que aquí sí vale la pena pararse pues el primer partido en la historia de los Mundiales, se jugó aquí, en el Parque Central, en el barrio de La Blanqueta.
Esta es la fachada principal del estadio y en la puerta, se pueden observar las placas conmemorativas del primer partido de las Copas del Mundo. ¿Quién jugó? Pregúntenle a Google. Eso sí lo sé pero es una buena trivia eh.


Acá vemos uno de los palcos. Me llamó la atención que cada uno tiene 18 asientos. Ya los quisiera el Estadio Azteca y las sillas se ven mucho más cómodas que las del coloso de Santa Úsula, aunque tampoco es nada del otro mundo, ni que fuera el estadio de los Dallas Cowboys.

La cancha estaba impecable. Me dio gusto visitar este estadio lleno de historia. En ese momento la estaban podando.

Lo que más me llamó la atención, es que cada abonado tiene su asiento reservado y le ponen su nombre. Pobre del cuate que tiene que ir pegando todos los nombres porque son como 5 mil.

Esto es en el pasillo de los palcos. Nótese que el 13 se llama Loco Abreú, quien es todo un dios en este equipo.

No hay plazo que no se cumpla. Después de años de querer visitar el Estadio Centenario, al fin se me iba a hacer. Este definitivamente es uno de los grandes estadios del mundo, aunque sólo por su historia, pues lo rústico predomina en él.
La zona donde el Centenario se ubica está a diez cuadras del Parque Central de Nacional y definitivamente, aunque a este equipo le pese, Peñarol es el cuadro más famoso de Uruguay y juega en el Centenario. Al fin un estadio que no está en medio de las casas y que tiene vías de acceso acorde al aforo del mismo. En estas imágenes se puede ver la columna que pasan en todas las transmisiones de la Copa Libertadores. Abajo, la cancha.



Después de eso ya moría de hambre y me lancé al Montevideo Shopping, una plaza que según los lugareños, es la mejorcita del país. A ver si como roncan duermen pistolitas. Nahh decepcionante su mall. No hay muchas tiendas y lo más famoso era Zara y Mcdonald’s. En serio que Uruguay se parece mucho a Sudáfrica. La plaza estaba llenísima, igual que Sandton en Johanesburgo y se ve que es el lugar cool para estar.
Finalmente, tomé el ómnibus, así le dicen acá al camión y me dirigí al Parque Rodó. Bonita sorpresa fue este lugar que como su nombre lo dice, es un parque a la orilla del Río de la Plata y a lado está el estadio de Defensor Sporting. Fue aquí donde Fénix le atascó seis goles a Cruz Azul, pues en su canchita no hay juegos internacionales. Acá está la vista desde una de las porterías y la entrada principal. Otra vez un estadio chiquito.


Así fue mi día. Entre estadio y estadio. Ahora estoy muerto de cansancio. Mañana toca viajar a primera hora a Colonia para el viernes regresar a Buenos Aires e ir al aeropuerto por la Coriniwish que ya va a llegar. La la la .