¡En la madre!

Nuestra experiencia en estos lares no empezó muy bien que digamos. Aterrizamos en Rio en un aeropuerto que mas bien parece planta nuclear de Springfield. ¡Está horrible! Y eso, cuando por fin nos bajaron del avión porque estuvimos en posición remota y con la puerta abierta durante una hora “quesque porque no había camioncitos”. Después de una espera eterna, pasamos migración y aduana y ya me comía el tiempo, tenía que trabajar y no hay wifi en el lugar. Entonces, @ferdelriop se acercó a una mujer del comité organizador de la Confederaciones y le dijo: “ mi hijinho tiene que trabajar, ¿le prestas tu computadorsinha?” Yo pensé que lo iban a mandar al diablinho y no, muy amable me dejó usar su laptop.

Tomamos el taxi al hostal y empezó la sorpresa de mis canchanchanes. Pagamos 700 pesos por un trayecto de 20 minutos y están impresionados de lo caro que es Brasil. En el súper una Coca de lata cuesta 21 pesos, una cerveza nacional 20 pesos y los cepillos de dientes 20 pesos. Tuve que comprar uno porque no encuentro el mío y la verdad me da flojera buscar en la maleta.

Después de trabajar, fuimos a Copacabana y obviamente la protagonista fue la bandera. Othón y yo nos sentamos a tomar una cerveza y papá se fue a buscar un palo para la bandera y por increíble que parezca, lo consiguió. Caminamos por la playa y todos querían foto y nos gritaban “Chicharito, Chapulín Colorado”. Es lo que más les gusta de México. Terminamos comiendo en un Mcdonald’s que ni anuncio tiene y que se jacta de ser el más antiguo de América del Sur. Se hizo de noche a las 5.30 y nos fuimos al metro pero un tipo ya se andaba poniendo revoltoso y nos quería robar pero andábamos vivarachos y nos cruzamos la calle. Ya no pudo hacer nada.

Regresamos al hostal a echar unas cervezas y papá aprovechó para colgar la bandera cual vil Cristóbal Colón conquistando el continente.

Para la noche, fuimos al barrio de Santa Teresa que es el equivalente a Coyoacán. Hay casas muy grandes y bares para hipsters o personas que no pueden dejar de añorar el pasado. Le entramos a un arroz con frutos del mar que estaba buenísimo y ahí fue donde papá se echó su frase, ahora célebre: “si rentamos un camper para ir a Austin a la Fórmula 1, agarramos la jarra”. Tal parece que no fue necesario esperar a la F1 y seguimos entrándole a las chelas.

Nos cambiamos a un bar de Lapa, la zona de Rio de Janeiro que vive de noche con todos los lugares estilo el Heaven. Una caguama, dos caguamas y de repente, perdimos la cuenta porque nos pusimos a tomar con una pareja de brasileños. Ya éramos compadres. Llegó la cuenta y en total eran 13 caguamas y ni de chiste habíamos tomado eso. A lo mucho eran ocho y nos la querían ensartar sabroso. Obviamente no me dejé y fuimos a reclamar. Mientras discutíamos con el mesero y luego el gerente, la pareja de brasileños aprovechó para fugarse sin pagar un quinto y querían que nosotros nos hiciéramos responsables. Yo dije ni madres y un chango marango se nos puso enfrente y no nos dejaba ir. Le dije a papá que lo esquivara y fuera por la policía y que llegan los oficiales Matute. Llegaron los polis y se armó la gorda y nos defendieron. Othón estaba necio con que no pagaríamos porque un mesero lo agarró del cuello. Yo le dije al poli que no iba a pagar lo que decían en el lugar y pues no. No cedí un ápice. Pagamos lo justo. Era obvio que nos iban a seguir para madrearnos, entonces tuvimos que tomar un taxi.

Los ladronzuelos que huyeron

Ya veníamos de regreso pero vimos un carrito de hot dogs. Parada obligatoria. Así terminó la cosa.

Ya de regreso en el hostal, abrimos otras cervezas y a dormir. El día se nos acabó a las 6 de la mañana. Me desperté a las ocho y mi litera es la de arriba, pero hay una viga justo en medio. Se tiene que levantar uno con mucho cuidado. Como andaba medio dormido, no me di cuenta, me levante y pum! Me di el golpe de mi vida en la frente. Todavía me duele y fue hace horas.

Hoy empieza la Confederaciones y ya quedamos con todos los mexicanos en ir a Copacabana a ver el juego de Brasil aunque el pinche clima está justo así, pinche.

Othón haciendo berrinche

Más a gusto que una peda casera

Apenas llegamos a Rio y ya la alucino. No. No estoy hablando del panzón que roncó todo el vuelo y no me dejó dormir bien. Me refiero a la famosa bandera. Desde que estábamos en México, yo andaba trabajando mientras esperábamos el avión. Era mi prime time porque estaba al aire el sensei de las noticias @lopezdoriga y mi progenitor insistía en que nos tomáramos fotos con la mentada bandera (y echáramos una porra) cada vez que veía a un mexicano con la playera del Tri.  Como ya lo había aleccionado y le recordé que tenía que trabajar, no insistió tanto.

Esto fue ya en el aeropuerto, pero en la casa ya me andaba haciendo show. ¡Ya no quería venir! Le tiene pánico a los aviones y en 10 años se ha subido contadas veces. Ya se andaba rajando pero le dije: “¿somos hombres o payasos?” La respuesta: ¡payasos! Primero le di por el punto del dinero (ya conozco a mi gente) y le pregunté si iba a permitir que se desperdiciaran los dólares que ya se habían invertido en boletos de avión y hoteles. Él insistía en que no importaba. Así que como yo trabajaba, mejor apliqué el plan B y le hablé a @OtiGV para que tuviera listo el tranquilizante (Clonazepam) que le íbamos a dar.

Pasamos por @OtiGV y papá se tomó el Clonazepam y listo. Asunto resuelto. La pastillita hizo maravillas pero después @ferdelriop andaba en calidad de bulto por el efecto. Ya se estaba cayendo y daba tumbos por todos lados.  Todo lo veía bonito (incluso haber elegido una maleta de tenista que no tiene ruedas). Claro, por el efecto de la medicina, no podía ni cargar y acabé llevando su equipaje y mi maleta se rompió por poner la suya encima.

Ya en el avión, papá venía muy tranquilo, tanto, que no controlaba sus movimientos y se tiró el agua encima. “Parezco niño orinado, cabrón” (y sí). El vuelo fue un poco turbulento. Houston no es una ciudad amigable porque siempre está nublado. Aterrizamos y yo seguí trabajando y después comimos. Abrimos el bar por primera vez en el viaje.

Abordamos el vuelo que nos trajo a Rio y mal, no la pasamos. Las primeras tres horas nos atascamos de comida. Unos camarones que estaban buenísimos, pero qué forma de tragar. Acaba uno como gorda en tobogán. Imagínense a una señora en Tepetongo terminando de comer las tortas que fue cargando desde su casa y después echándose desde la resbaladilla. Así nos sentíamos.

La verdad, disfrutamos mucho el vuelo y hubiésemos querido que durara más. Apenas dormimos cinco horas. Veníamos juntos Othón y yo; papá una fila adelante. Él ya se sentía muy macho y se la pasó pidiendo coca en lugar de tomar agua sola para que no le quitara el sueño. En una de esas, estaba echando el chisme cachetón con nosotros muy plácido y que se mueve intempestivamente el avión. ¡Puso una cara de niño chiquito que no encuentra a su mamá en el súper! El efecto de la pastilla aún se mantenía y en lugar de sentarse y ponerse el cinturón, se nos quedaba viendo muerto de miedo.

Ahora estamos a punto de aterrizar. En México amanece. Lo primero que haremos será ir por los boletos del futbol y luego directo al hostal porque tengo que trabajar. Así es esto. Mientras todos pasean acá en Rio de Janeiro, yo estaré todo el día encerrado escribiendo. No me quejo y ya me acostumbré. Es la única forma de seguir viajando.

Por lo pronto, ya estamos en Brasil y hay que darle un aplauso a papá aka Chevy Chase porque con todo y peluca, se atrevió a volar. Fue un verdadero reto.

No lo olviden. Le recuerdo que me tiene al alcance de su mano las 24 horas del día. Soy @MexicoFER en Twitter, Instagram y Vine. En esas redes sociales estaremos subiendo fotos, videos y todo lo relevante que veamos por estos rumbos cariocas.

El avión

Ya listo para despegar

 

Papá durmiendo jiji

Aterrizando en Rio

Boleto Mexico vs Italia

¡Ya cerró la maleta!

Pues nada (y todo). Anoche la pedorra selección no pasó del empate ante Costa Rica. El Estadio Azteca ya no pesa, pero seguramente ya se atascaron todo Récord y Mediotiempo.com leyendo cualquier cantidad de mamarrachadas del partido. Mejor les cuento que ya casi está lista la maleta que va a la Confederaciones.

Soy de los que suelen cargar hasta con el perico, pero desde que tengo Global Entry y ya no hago fila de migración en los Yunaiteis, ya no documento para no tener que esperar a que bajen las petacas del avión y las postren en la banda. Lo malo es que ahora nos vamos más de dos semanas y meter todo mi arsenal en una carry-on es casi una proeza. Creo que el narco en México cede antes que esta maleta. Yo cargaba hasta mi itacate de comida para el mal del jamaicón, pero ya no. Ahora pruebo lo que me sirvan mientras no tenga mostaza, mayonesa o aguacate. Bueno, otras cosas tampoco. En el Mundial del 2006, andábamos por Suecia y no entendíamos ni madres y compramos una carne que se veía suculenta. El primer filete estaba majestuoso. Resultó que los siguientes eran hígado y no me avisaron. Dos mordidas y va pa afuera.

Regresando al tema. Qué complicado es hacer la maleta. En esta ocasión, metí puras playeras de futbol porque son las que menos bulto hacen. Además, encontré una de las bolsas en las que metes la ropa y se comprime al quitarle todo el aire. Son una maravilla y te ahorran mucho espacio. Una vez que ya tienes todos los trapitos, hay que meter las cosas del baño. Como vamos a hostales, hay que llevar hasta nuestro jabón. Otra vez hay que hacer milagros por la regla de no poder subir envases de más de 100 mililitros. A fuerza hay que llevar una loción chiquita (pa no oler a chivo correteado), la crema de rasurar y debe ser de Biotherm o algo similar para que no irrite. Mamá hizo milagros y encontró una de Vichy (es que me sale sangrita si es Gillette o una de esas). Y del desodorante ni hablamos. Yo uso Axe en spray y obviamente son más de 100 mililitros. Fui a los súper de medio México para comprar de los chiquitos pero resulta que ya no existen. Total que los encontré en el mercado de Azcapolanco. Una vez que ya están la ropa y los toiletries, ya nomás falta meter el estuche de las medicinas y las chanclas. No podré llevar mis Crocs porque ocupan mucho espacio. Irán mis Aqualetas.

Ahora es el turno del backpack. Tengo uno especial para los viajes, al que le cabe todo. Desde la noche anterior hay que cargar los tres teléfonos. Yep. Tres. Llevo mi iPhone normal, un 4 para desbloquearlo y que no me la atoren con el roaming (te gané Telcel) y un Blackberry que ya está desbloqueado por si el otro no sirve. Y es que aun a la distancia, hay que trabajar y no puedo estar desconectado. Después siguen el iPad, el iPod, la computadora y el Kindle. Salió la segunda parte de El Diablo Viste a la Moda y lo leeré en el avión. Les paso un tip: cuando tengan muchos gadgets, siempre carguen con una de esas extensiones que tienen varias clavijas para que puedan cargar todo al mismo tiempo. Tener que andar alternando los cargadores, es más nefasto que la programación de  Televisión Azteca.

Por último, lo más importante de todo: el pasaporte. Casi siempre está perdido. Pobre. Tan necesario y ya está todo roto y se le borró el escudo de México. No soy de aquí ni soy de allá.

Ahora sí. ¡Vámonos! Ya solo falta leerle la cartilla a los habitantes de esta casa para que cuiden a mi Panchita. Pobrecita. Se queda muy triste cuando me voy se enoja tanto, que si me cacha haciendo la maleta, se mete a ella y se hace pipí. Bitch. Como dice la abuela de @OtiGV nos leemos en Brasil, si Dios nos da licencia.

Ya se la saben. Todas las patoaventuras están disponibles en las redes sociales. Me pueden encontrar en Twitter, Instagram y Vine. Soy @MexicoFER

La maleta

El pasaporte

Ensayo de un mundial

Con la tonadita de la canción de Tengo tu Love:

No tengo un jet privado, que compré con el dinero de Tabasco, tampoco unos tennis de Luigi Vuitton, pero tengo boletos para al Tri de mi corazón.

¡Sí señoras y señores! Las patoaventuras futboleras están de vuelta. Han pasado más de tres años desde que fuimos a Sudáfrica a ver a la Selección. Ahorramos durante años para ver a Javier Aguirre, Guille Fiasco y sus secuaces. Tal parece que no aprendimos y ahí vamos ya de regreso al cono sur, pero ahora al Amazonas. Destino: Brasil.

La verdad, ir a tierras cariocas no me emociona mucho. Planear un viaje como estos cuesta muchísimo trabajo cuando hay que ir al tercer mundo. Aquí es cuando se valora Londres con todo y su internet en el metro. Claro, allá te cobran hasta por chiflarle a las reinitas en pleno Piccadilly Circus, pero vale la pena un evento de tal magnitud en el primer mundo. A Brasil hay que ir a sufrir las penurias estilo Sudáfrica: desorganización, inseguridad y largas distancias por sortear. Sin embargo, no todo es malo, vamos al país más exitoso en la historia del futbol. Algo saben de eso.

Un viaje de estos es muy demandante cuando no somos Andrés Granier o compadres de Humberto Moreira. Se gasta mucho dinero (que no se tiene o cuesta muchísimo trabajo tener) y el final suele ser triste con el equipo de todos perdiendo. La realidad es que los últimos viajes de este estilo que me he aventado (Copa Oro, Juegos Olímpicos, Mundial Sub-17 y final de Champions League) en todos ha sido campeón mi equipo y será especialmente doloroso si el Tri no gana la Confederaciones.

Hay que reservar hostales, hoteles o un rinconcito en la estación de camiones, checar que todos los lugares tengan buena conexión a internet para poder trabajar desde allá y estar arriando a los compañeros de viaje para que nada salga mal. Fácil no es. Muchas desveladas ha costado organizar la expedición a Brasil. Ahora le toca al equipo de todos poner su parte.

Esta vez vamos a la Confederaciones papá que en Twitter es @ferdelriop y mi amigo de toda la vida Othón @OtiGV. Se corre el rumor de que el sensato soy yo y que el desmadrito está garantizado. El don ya hasta fue a comprar la bandera de México más grande que encontró y dice que no va a documentar maleta, que en lugar de eso va a checar el palo de la bandera. Ya me lo imagino queriendo entrar al antro con todo y el palo (sin albur). Seguramente pasará como en Sudáfrica que cuidaba al lábaro patrio más que su vida. Esperen fotos de papá trepado en algún camión o en el metro organizando la porra.

Así las cosas. Hoy juega México ante Costa Rica. Ojalá que por la noche todos estemos alborotados festejando los tres puntos. Mientras tanto, por estos rumbos empezaremos a hacer la maleta que nos acompañará a Rio de Janeiro.

Trataré de actualizar diario este blog, pero de cualquier forma, todo el viaje pueden seguirlo a través de Twitter, Instagram o Vine. En todas soy @MexicoFER

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Con las nachas aplanadas, pero en Tokyo

Hoy es domingo. Hace apenas unas horas, Juan Manuel Márquez le rajó su madre a Manny Pacquiao. Hace unos momentos, despegó por última vez el avión de Jenni Rivera. Así se vive la vida en el Aeropuerto de Monterrey. Hace una hora se perdió un avión del radar y de cualquier forma, la calma impera en el Mariano Escobedo. Nadie imagina lo que acaba de pasar.

Así nos elevamos a los cielos mexicanos con rumbo a Tokyo, antes, una breve escala en Houston. Ese avioncito Embraer pedorro para cincuenta personas en el que nos trepamos, sí que se mueve. En una ruta de apenas 60 minutos, alcanza muy rápido la altura y velocidad de crucero y eso propicia que se mueva el avión. Hasta sentía que nos soplaba el mismísimo Dios.

Aterrizamos en Houston y estrené mi Global Entry. En el vuelo, adelante de mi iban unas de esas regias muy fufurufas hablando de sus vacaciones pasadas en Chamonix, pero eso sí, cuando pasó la sobrecargo con las formas de migración y aduana y dije que yo no quería, me advirtieron que las necesitaba. Muy Chamonix, pero no conocen Global Entry.

Aterrizamos y directito a la sala del vuelo de Narita. Yo tenía la esperanza de que hubiese lugar en primera clase, pero me mandaron a freír espárragos. Lo bueno es que la fila era de tres asientos y me tocó en la ventana y el de en medio iba vacío. De cualquier forma, creo que llegué con las nachas más planas que masa para pizza lista para entrar al horno.

Una vez en Tokyo, la manada de aficionados del Corinthians se apareció en la fila de migración. Conté al menos 50 de los 120 que éramos. Además súper baratos. Había una chiquita mamá de Tailandia adelante de mi a la que no le quitaban los ojos de encima, era como una Anahí thai (supe porque alcancé a ver su pasaporte).

Tomé el Narita Express, que de Express tiene lo que yo de americanista (nada). Llegué al hostal, salí por algo de comer y regresé a dormir. Apenas eran las 10 de la noche, pero a las 12 tenía que comenzar mi jornada laboral por el horario de México. Una vez despierto, trabajo desde medianoche hasta las 8 o 9. Después, a pasear. No está tan cansado.

Así se fue el día completo de vuelo. No es por ser mamerto, pero qué feo se siente ir atrás en el avión. ¡No sabes a qué hora te toca comer! Eres como un perrito hambriento que no ve la hora en que le traigan su plato.

Sudando como puerco en Londres

Los días acá vuelan. Dispénsenme si dejé de escribir tantos días pero es imposible hacerlo cuando se tienen dos trabajos y además hay que pasear a la dueña de mis quincenas. Bueno, digamos que mi dueña a secas, porque mis quincenas de los próximos cuatro años se están esfumando en este viaje. Y es que Londres está asquerosamente caro.

Un boleto sencillo de metro cuesta cuatro libras, poco más de 80 pesos mexicanos. Aunque nadie los compra así, porque de una u otra forma consigues descuento con la travelcard de todo el día o la Oyster Card, que es una tarjeta de prepago y con tarifas más baras baras. De cualquier forma, es un robo a despoblado para los que ganamos en pesos.

Los primeros días estuvimos en Londres y anduve trabajando con el grupo de Joaquín López-Dóriga. Pura buena bestia. Tengo nuevos amigos, además de extraordinarios compañeros de trabajo. Nomás por eso, ya valió la pena el viaje. Siguiendo con el trabajo, he tenido participaciones especiales en dos programas de Radio Fórmula y eso me tiene muy contento. Vamos por buen camino.

Regresando al huateque, nos la pasamos muy suave en Londres. El primer hotel tenía vista al Estadio Olímpico, andábamos como verdaderas popstars y por un momento hasta me sentí como Luis Miguel con su mega suite y su agua especialmente traída de los manantiales del Popocatépetl (si es que el Popocatépetl tiene manantiales). El problema fue regresar a la cruda realidad en el siguiente hotel, pues nuestro cuarto no tenía ventana. Así como lo leen. Me sentía como en los barcos en un camarote interior de segunda clase. No crean que me he subido a uno de esos barcotes, sólo me acordé de cuando vi Titanic.

Hemos caminado como bestias, creo que ya tengo más ampollas que los que se vienen caminando desde Chalma a La Villa cada 12 de diciembre y no sólo eso, hace mucho calor y sudo peor que Adal Ramones en sus monólogos. Lo peor es que así llego a trabajar con López-Dóriga y tengo que darme una manita de gato antes de entrar al aire. Bueno, hasta mi compadre Clark anda preocupado porque no lo dejan meter su desodorante a los estadios y dice que siente que huele feo.

De los Olímpicos…

Ahora andamos en Birmingham. Mañana juega la selección en Coventry. Se le va el tren al mini Tri. Si no se apura, se convertirá en la gran decepción. Marco Fabián tiene que despertar. Fuimos al partido de México en Newcastle y hablar de lo mamarracho que estuvo el juego sería perder el tiempo. Sólo queda decir que Giovani debe ser titular. En el tiro con arco, ¿pensaron que se podía ganar medalla? Se nota que ya se les olvidó Beijing 2008.

La inauguración muy bien, aunque no debe ser tan larga. Para que nos demos una idea, pudimos haber volado de México a San Francisco y llegar y que aun no se terminara la ceremonia. Pufff

Aquí les van unas fotitos de lo mejor de la semana…

La vista desde nuestra recámara estaba de papaloys y además nos dieron un upgrade.

Esta foto la pude tomar después de media hora de intentarlo. Siempre se me cruzaba alguien. Hasta una paloma voló cuando pensé que ya nadie estorbaría.

La clásica foto del metro, que parece el sauna del gimnasio a las nueve de la noche

The Shard, el edificio más alto de Europa. Ni siquiera está terminado, se ve que les urgía abrirlo antes de los Juegos Olímpicos.

Una de mis fotos favoritas

En este pub me tocó ver a mi Chelsito campeón de Europa, vine a recordar aquellos momentos. Saludos a todos los que le van al Barcelona. La la la

London Eye, una de las atracciones más importantes de Londres y de las más caras. Once in a lifetime y se acabó. Es mucho dinero pagar 400 pesos.

The Hawthorns. El estadio del West Brom Albion. Aquí jugó Carlos Vela. West Bromwich está a 15 minutos de Birmingham, justo en el centro de INglaterra.

Así debería ser en los estadios de México

En el estadio del West Brom hay una especie de ofrenda para los aficionados del equipo que mueren y quieren estar cerca de su equipo.

Acá las imágenes del Villa Park, el estadio del Aston Villa. Observen la tribuna, está arriba de la calle y se hace como una especie de túnel.

No hay plazo que no se cumpla

No hay plazo que no se cumpla. Aún recuerdo el día en que Londres ganó la sede olímpica del 2012. Uyyy ya llovió desde entonces, creo que estaba yo chimuelo cuando eso pasó. Los años volaron y tal como lo dije aquel día, ya vamos para allá.

Empecé a trabajar desde las 5 de la mañana para que me diera tiempo de terminar a la hora de la comida y poderme ir sin pendientes. Eso si, luego de unos RT de mi compadre Joaquín en Twitter y listo.

El vuelo se retrasó un poco porque el avión no llegaba de Tokyo, pero una vez trepados, el capi (y no Albores) nos dijo que llegaríamos a tiempo porque teníamos los vientos a nuestro favor. Seguro diosito le soplaba a esta cosa pa que fuera más rápido.

Una vez en el aire, como de costumbre, me puse a ver Friends y comenzó el atasque. Lo malo de que sólo fueron ocho horas es que apenas te da tiempo para dormir tres, pues las otras cinco te la pasas tragando (porque esto no es comer). Acá las fotos de todo lo que comí. Es oficial: soy un barril sin fondo.

Aterrizamos en Londres y como veníamos en Primera Clase, nos dieron un pase de Fast track para la fila vip de migración. Yo ya me sentía muy ducho porque íbamos a evadir las horas de filas de las que tanto han hablado en los medios de comunicación y… ohhh sorpresa, no había nada de gente.

Una vez con las petacas en la mano, nos trepamos al metro y cruzamos toda la ciudad. Creo que estuvo más largo el recorrido en el underground que el vuelo desde Houston. Y es que con el jet lag, sientes que la tierra se te mueve y una hora y media en el metro, no ayuda.

Por fin llegamos al hotel, pero típico que son las 11 de la mañana y el check-in es hasta las tres. Mientras, hicimos tiempo comiendo (por enésima vez) y comprando el chip para mi teléfono para poder twittear sin que Carlos Slim me la atasque. Ya saben, una de esas atascadas poco placenteras.

Regresamos al hotel y nos esperaba una sorpresa: nos habían dado un upgrade y teníamos una suite de dos cuartos. Ayyy Papantla dijo mi abuela. El cuate de la recepción me dijo: -¿usted es Fernando Del Río, bisnieto de Lázaro Cárdenas Del Río? -Este, bueno, si, yo soy. La verdad es que esto último no pasó pero no encuentro justificación alguna para que nos hayan dado el upgrade, si de por sí teníamos una tarifa con descuento. Este ñor se comportó como todo un gentleman. Por ahí y hasta lo promuevo para que lo hagan Sir.

Al fin pudimos entrar al cuarto y echarnos un regaderazo. Aunque el sope todavía no me olía, ya sentía la necesidad de bañarme. Salí como nuevo y con ganas de… ¡seguir comiendo! Entonces fuimos a Nando’s, un restaurante sudafricano de pollo a la peri-peri y ahí nos encontramos a Alberto Lati. Nos saludamos y quedamos de vernos en los siguientes días, pues somos compas desde que el Chelsito de mi vida fue campeón de Europa y vine a Londres y acá lo conocí.

Después de eso, la @Coriniwish y este chaparrito que les escribe, fuimos al centro de Londres a recoger nuestro boletos para los juegos de México y rematamos yendo a desbloquear el celular de mi mujer. Como dirían los colombianos, fuimos a donde los chinos y estuvo muy bizarro. La tienda de celulares también es salón de belleza y mientras le pintan el pelo a una doñita, esta se toma una cerveza Sol sin tapujo alguno. Tenemos foto de ello pero soy muy piñata y no la puedo subir.

Regresamos muy cansados y en el metro daba bandazos. Cabeceaba como caballo de lechero y me le iba encime a la güera güera (si me muero quien te encuera) de adelante. Eso si, Corina iba dormida, pero no me acusen eh.

Ahora estamos en una sesión de fotos espectacular del Estadio Olímpico. Es la segunda vez que tengo la suerte de estar en Juegos Olímpicos y, debo reconocer que no es un evento que me mate de emoción, pero una vez que estás aquí, comienzas a tener ese Keeling difícil de explicar (aunque también puede ser la botella de vino).

Por lo pronto, se fue el día 1 de nuestra travesía. Acá estaremos hasta el penúltimo día o hasta que el dinero nos lo demande. Pos oye, Londres es más caro que la reventa de Paul McCartney en el Azteca.

José: un ejemplo de vida

Esta es la historia de José, un joven con parálisis cerebral y que sigue luchando por su vida.

El jueves pasado acudí al súper a comprar unas medicinas para mi hermano, que tiene un fuerte catarro. Eran casi las doce de la noche y en la salida, me encontré con un joven en silla de ruedas y su madre, pidiendo dinero con la típica receta médica en la mano.

Me acerqué para preguntar cual era la necesidad y la mamá, Catalina, me preció que José necesitaba de forma urgente que le quitaran las muelas del juicio. A simple vista, uno pensaría que esto realmente no es un indispensable, pero dadas las condiciones de José, se vuelve crucial, ya que debido a la parálisis cerebral, su coordinación no es la mejor y con las muelas estorbando, cada vez que come se muerde y tiene la boca muy maltratada. La situación es tal, que José prefiere ya no comer con tal de no lastimarse más.

José y su mamá son de Tizayuca, Hidalgo y solo vinieron a la Ciudad de México a pedir limosna para juntar los seis mil pesos que el dentista del pueblo les dijo eran necesarios para la extracción de las muelas.

En ese momento, yo no traía un quinto en efectivo y quería ayudar. Le dije a José y su madre que me marcaran a las siete de la mañana del viernes. Mientras tanto, a través de Twitter comencé a buscar soluciones y muchos de ustedes me indicaron que llevara a José a Odontología en la UNAM, donde los tratamientos son más baratos.

El joven y su mamá se fueron a un hotel de paso a dormir y por la mañana, me llamaron por teléfono. Quedamos de vernos en San Cosme, justo afuera de donde se estaban quedando y tomamos un taxi a la UNAM para buscar una solución. Ahí le dijeron que le tenían que sacar las cuatro muelas y realizar otros procedimientos, pero que era imposible realizarlos en ese momento, pues dada la parálisis cerebral de José, se necesita un especialista para atenderlo y sólo va martes y jueves (cuando va).

Obviamente el tratamiento no es barato y tuve que ir a hablar con el director de la unidad odontológica para ver si se puede hacer un descuento, pues ustedes conocen mi situación actual, estoy desempleado y no me es fácil cubrir los gastos. Después de negociar un rato, conseguí que el tratamiento sea gratuito.

Los problemas de José no se limitan a esto. Catalina, su mamá, tiene diabetes y problemas en el corazón. Aunado a ello, viven con la abuela de ochenta años y Catalina no puede tener un trabajo formal por tener que cuidar a José y viven de vender galletas.

Ellos se han acercado al gobierno del estado pero la respuesta ha sido negativa. Algunos les han ayudado pero no es suficiente. Además del tratamiento, hay que pagar la estadía de mis dos amigos en la Ciudad de México. Son al menos nueve noches de hotel las que se tienen que pagar con todo y sus viáticos. Además, José necesita una silla de ruedas de las que son chiquitas, más flacas de lo normal. La suya cada vez que la bajamos, se desarma. Está rota.

Por todo esto, acudo a ustedes para que nos ayuden. Cualquier ayuda monetaria es importante en este momento. Se necesita del apoyo de todos. Si quieren aportar algo, pueden twittearme a @mexicofer para que nos pongamos de acuerdo.

José nos necesita y no somos nadie para negarle otra oportunidad y si podemos ayudar a mejorar su calidad de vida, yo estoy dispuesto a hacerlo.

Por cierto, José le va al América. Si alguien sabe cómo podemos tener acceso a un entrenamiento del equipo para convivir con los jugadores, le habrán hecho realidad su sueño.

 

¡Ya llegamos a China del Norte!

Como de costumbre, cuando estoy fuera de la casa y tengo que despertarme para ir al aeropuerto, puse tres despertadores. Así es. Mi teléfono, el radio del cuarto y eso de llamar pa que te despierten, siempre sirve para que no pierda el avión, aunque por los nervios, nunca puedo jetearme como Dios manda.

Llegué a las nueve de la mañana al aeropuerto y me tuve que soplar media hora formado en seguridad. Todos nos quejamos de que los mexicanos somos un desmán en dos patas, pero al norte de la frontera, los gringos no cantan mal las rancheras.

Cuando llegué a la sala, me asignaron asiento y me tocó el 3L. Muy bien porque es ventana pero al mismo tiempo me choca porque como me echo mis drinks en el avión, me dan muchas ganas de ir a desaguar y no me gusta estar despertando al de a lado y más si el vuelo es de quince horas. Lo bueno es que como son camas, sólo lo tengo que brincar y ni se despierta mi compañerito de viaje, que en esta ocasión, es un chino adinerado de esos que sus papás zurran dinero. El nene estudia en Nueva York y va a China dos veces al año y en primera clase. Clásico que es de las mafias que se manejan en este lado del mundo.

De las quince horas dormí ocho y las demás me las pasé comiendo, obviamente los pantalones me iban a reventar, pero ni modo, no me subo en Primera Clase todos los días. Antes de aterrizar, ya que íbamos en línea recta a Shanghai, algo así como hora y media antes, un avión se puso abajo y fue impresionante ver cómo quema gasolina y la velocidad a la que va, porque normalmente no lo notamos.

Llegamos y en apenas diez minutos ya había pasado migración, aduana y cambiado dinero. Los gringos deben aprenderle un poco a los chinos de esto. Después tomé el Maglev, que es el tren que va a 431 kilómetros por hora y en ocho minutos ya estaba en Shanghai.

¡Qué noche la de anoche!

Después de muchos días de planeación y pasar corajes por distintas razones ajenas a nosotros y que sólo se le pueden achacar a la ignorancia de los empleados de Aeroméxico, al fin vamos en camino a Shanghai. Hoy es viernes y toca ir a Nueva York en un 757-200. Salimos de México pasadas las nueve horas y la verdad es que sentí mucha envidia porque los asientos de Primera Clase, al ser un avión grande, se hacían cama y yo, iba atrás como prole que soy y además en medio de dos gringos medio jetones.

La cosa no paró ahí. Me fui dormido la mayoría del vuelo pero de repente me desperté y estornudé y que me empieza a salir sangre de la nariz y que córrele al baño y a verdad, no que no se quitaba el gringo jetón.

Una vez aterrizando, había que pasar migración. Ya estoy harto de estos gringos. Tienen 30 mostradores y sólo abren cinco. ¿Para qué construyen treinta entonces? Es puro plan con maña porque ya me los caché y quieren que compremos el Global Entry, que cuesta 100 dólares anuales y en cuanto regrese a trabajar, voy a aplicar porque literalmente es de a tiro por viaje que uno se tarda una hora en cruzar migración y es muy desesperante.

Hice el check-in en el hotel y estaba muerto de hambre, así que me atasqué un Philly Chisesteic pero me lo trajeron mal. Claramente dije que sólo la carne, el queso y un poco de salsa barbeche y le pusieron lo que quisieron. Raro para los estándares gringos, aquí casi nunca la cajetean. Ya después me di cuenta que el mesero era puertorriqueño y he ahí la explicación del error.

Decidí que iría a conocer el centro de Newark y para ello debía tomar el shuttle de regreso al aeropuerto. Me trepo a la camioneta y en pleno freeway, me doy cuenta que olvidé mi backpack y que me bajo y me regreso. Lo bueno es que había dejado la mochila en el cuarto, pero no estaba seguro de ello. Comenzó una vez más la travesía y ahora si no olvidé nada y pronto estaba en Newark, una ciudad que ya entendí por qué nunca había conocido: está llena de gente que da miedo, puro Black en la calle y no es por ser racista pero el olor a mariguana los delata.

Ya estaba encaminándome para regresar y comencé a ver muchos jerseys de hockey y pensé: “el estadio ha de estar por aquí y seguramente hay partido, me iré a dar una vuelta nomás pa tomarme la foto.” Rápidamente encontré el Prudential Center y obviamente no iba a entrar, pues los boletos son carísimos y además no había. Por curiosidad me acerqué a la taquilla y un cuate apareció de la nada y me dijo que le sobraba un boleto y que me lo regalaba. Al principio me le quedé vindo extraño y me explicó que lo habían dejado plantado.

Ya con el boleto en la mano, pregunté en la taquilla si era un buen lugar. Yo sabía que si lo era pues era de un palco, pero mi escepticismo me decía que fuera a ver que el boleto no era pirata o algo así. Y pues no. Todo estaba en orden. Había pasado algo increíble: yo había ido a Newark a darme una vuelta y conocer el centro y comprar unas chelas para tomármelas en el hotel y en ese momento estaba sentado en una suite viendo un partido de hockey de la NHL, tomando los mejores vinos y sin pagar un solo quinto.

El hockey es un deporte frío por donde se le mire. A la gente le falta pasión y sólo gritan cuando hay gol. Es tal la necesidad de crear ambiente, que el sonido local pone música cada vez que se para el partido. El marcador final fue 6-3. Los Devils derrotaron a Dallas Stars y yo me fui muy contento de regreso al hotel. Ir al hockey me recordó mis años mozos cuando era niño y Santa nos trajo unos palos y unas porterías. Al principio nos poníamos los patines y jugaba con el Cachuchas en el garage, pero después la pasión nos traicionó y terminamos usando las porterías pero para jugar futbol.

Así fue el primer día del viaje. Muchas cosas inesperadas y, sin duda, un día para recordar. Fue como sacarse la lotería sin siquiera tener que comprar el boleto. Acá les dejo unas imágenes de lo mejor del día. Ahora ya estoy en China y no se pueden abrir twitter, facebook, youtube y ninguna red social occidental. por más que intenté encontrar un proxy o vpn, fue imposible.